Revista Literaria Periódico Cultural

Octubre, 2010

30.10.2010 GMT

Concurso literario

El Instituto Cultural Latinoamericano desde su nacimiento se propuso brindar un espacio de oportunidades, es por eso que invita a autores mayores de 18 años, a participar del VIII Concurso Internacional de Poesía y Narrativa 2011. Las obras deberán ser inéditas, no premiadas con anterioridad, tema libre, en idioma español.

PUEDEN PARTICIPAR CON:

POESIA: de 3 a 7 poemas, con un máximo de 30 líneas cada uno.
NARRATIVA: mínimo 90 líneas, máximo 210 líneas, ya sea en uno o varios trabajos.
Podrán participar en ambos géneros si lo desean.
DATOS DEL AUTOR: En un sobre pequeño, que irá junto con las obras, tendrá que incluir los siguientes datos: Nombre y Apellido, DNI, Dirección, E-mail y Teléfono.
PRESELECCION CON "MENCION DE HONOR": Las obras que resulten finalistas con "Mención de Honor", tendrán la oportunidad de formar parte de la Antología cooperativa "Destacados 2011" y pasarán automáticamente a integrar la final por los Primeros Premios que son los siguientes:
PREMIOS:
1º PREMIO: Edición de libro individual de 64 páginas, 200 ejemplares, Diploma y Trofeo,
en poesía como en narrativa.
2º y 3º PREMIO: Trofeo y Diploma.
4º y 5º PREMIO: Medalla y Diploma.
Se entregarán las Menciones Especiales que el jurado estime conveniente, que recibirán Medalla y Diploma, el resto de los integrantes de la Antología recibirán Diploma y Medalla de "Mención de Honor".
DISEÑO DE ANTOLOGÍA: "Destacados 2011" se presentará con atractivo diseño de tapa papel ilustración a todo color, interior papel obra y se registrará en la Cámara del Libro con N° de I.S.B.N y Código de Barras.
Beneficios al integrar "DESTACADOS 2011": Su obra llegará a distintos países (España, Perú, Chile, México, Francia, Uruguay, etc.) por medio de las distintas donaciones a: bibliotecas, centros culturales y talleres. Además será promocionada en nuestra página Web, Blog, diarios, televisión y radios. La campaña publicitaria se realizará por vías adecuadas a nuestro alcance.
CEREMONIA DE PREMIACIÓN Y ENTREGA DE ANTOLOGÍAS: Se realizará en el mes de Mayo de 2011, (salvo que surgieran imprevistos de fuerza mayor), donde se entregarán los Premios a todos los ganadores y recibirán los ejemplares de la Antología, la ceremonia contará con pantalla gigante, exposiciones, etc. Luego, podrán compartir una cena, más detalles le serán informados cuando reciban la invitación especial para asistir a la Ceremonia. Los autores que no puedan asistir a la ceremonia, podrán solicitar el envío de Antologías y demás por correo en forma Contrareembolso.
RECEPCIÓN DE OBRAS : Las obras se recibirán hasta el 15 de DICIEMBRE de 2010 inclusive.

Confiamos en que Usted se unirá a este proyecto que le ofrece la oportunidad
de trascender las fronteras de su propio país.

SOLICITE BASES COMPLETAS:
Instituto Cultural Latinoamericano
Lebensohn 239 - C.P. B 6000 BHE-
Junín (B)Tel. 02362-423734- de 8 a 14 hs.
E-mail: iclatinoamericano@yahoo.com.ar


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30.10.2010 GMT

Parchita / Flor Pasionaria'

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La pasionaria es una flor americana, conocida en el Cono Sur por su nombre indígena de mburucuyá o, en Brasil, por el de maracujá. No conocemos el origen de esta denominación, pero una leyenda indígena cuenta que Mburucuyá era una joven blanca, que llegó con su padre -un capitán español-- al Virreinato del Río de la Plata, donde se enamoró perdidamente de un muchacho guaraní. Mburucuyá no era, por supuesto, su nombre español, sino el apodo que le daba tiernamente su amado. El capitán no aprobó la pasión de su hija y asesinó al joven indio. Desesperada, Mburucuyá tomó una de las flechas de su enamorado muerto y se la clavó en el corazón. A medida que se escapaba la vida de su cuerpo, la pluma de la flecha se iba convirtiendo en la primera flor de mburucuyá, que dio origen y nombre a esa especie botánica.

Hasta aquí la dulce leyenda guaraní, pero lo cierto es que al llegar los jesuitas a América, observaron que la flor de mburucuyá tenía tres estambres -que identificaron con los clavos de Cristo-, cinco pistilos -en los que vieron las cinco heridas de Cristo- y una corona de filamentos -que hicieron corresponder con la corona de espinas-. Por esa razón, la llamaron en latín flor passionis y en español, pasionaria, nombre por el cual son conocidas fuera del Cono Sur tanto la planta como la flor del mburucuyá.

El nombre español del mburucuyá es, pues, de origen religioso y no tiene ninguna relación con la trágica pasión del romance de la joven blanca y su amante guaraní. En inglés, la flor es conocida como passion flower, y el fruto, como passion fruit. Pasionaria fue también el apodo de la dirigente

Texto LA PALABRA DEL DÍA


Por Ricardo Soca


http://www.elcastellano.org/palabra.php

foto http://es.images.search.yahoo.com/images/view?back=http%3A%2F%2Fes.search.yahoo.com%2Fsearch%3Fei%3DUTF-8%26p%3Dfotos%2Bde%2Bfruta%2Bparchita&w=400&h=306&imgurl=www.venezuelatuya.com%2Fimagenes%2F0012%2F001205.jpg&size=20.7kB&name=001205+jpg%0A++++&rcurl=http%3A%2F%2Fwww.venezuelatuya.com%2Fimagenes%2F12florparchita.htm&rurl=http%3A%2F%2Fwww.venezuelatuya.com%2Fimagenes%2F12florparchita.htm&p=fruta+parchita&type=jpeg&no=3&tt=8&oid=dcac62683e4405ea&tit=001205+jpg&sigr=11o7ksmhs&sigi=11emfo21b&sigb=12493vqol&fr=ush1-mail



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30.10.2010 GMT

Eduardo Coiro / inventiva social / la revista

*Ilustración: Ray Respall Rojas.
La Habana. Cuba.
MORADA DE LA NOCHE*


NOCTURNO I

Tejió la noche mis fibras
en su rueca de aventuras,
cubrió mi sangre caliente
tiniéndola de claroscuro.
Le dio forma de gaviota
a mi búsqueda del día,
contrajo mi expectativa,
borró el amanecer.
El retorno inapelable
fue volver al punto de partida.
Los engendros de la noche
se tiñen de oscuridad.

NOCTURNO II

El ocaso, otra distancia.
Guiños azules filtró el firmamento
en un lento goteo de hojarasca.
Las lágrimas lavaron el camino,
imagen le dejaron al recuerdo...
Otro adiós en la mañana...
Revoloteo de tiempo.

NOCTURNO III

Pueden mis manos
clamar contra la muralla
con lacerantes alaridos.
Pueden mis horizontes retorcerse
en rebeldes remolinos.
Llega la noche y me promete el día;
secuencia en ciclos
que alimentan mis espejismos
y solo pregunto: ¿por qué?

NOCTURNO IV

Es la oscuridad
la única compañera,
tú apenas dibujas recuerdos.
Solo la noche
es la envoltura solidaria
que neutraliza el sueño...
Es equidad prolongada
de un permanente
delinear fantasmas
sobre una calle
que se ha quedado sola...

NOCTURNO V

Sobre el altar de la noche
el tributo impuesto
es la golondrina muerta
o el silencio hueco
del viejo aldeano.
Mi mente sedienta
crea el desafío,
mi clamor el viento
que copió mi sombra...

*De Emilse Zorzut . zurmy@yahoo.com.ar
EL OCASO, OTRA DISTANCIA...
LA VISITANTE*


No era horario de visita, pero la urgencia de la llamada recibida a altas horas de la noche, "fue el único teléfono que se le encontró encima, no sabemos si tiene familiares que respondan por ella"… le hizo sortear los obstáculos y llegar a la habitación donde estaba ingresada su amiga.

Había devorado la carretera, intentando contener las lágrimas que le impedían ver con claridad, pidiendo a Dios: "Todavía no, te lo suplico, todavía no es tiempo de que se marche", mientras los recuerdos le asaltaban la memoria.

Al llegar a la puerta, vio dos camas, separadas por una cortina verde. En una había una mujer, pálida como la cera, conectada a un respirador artificial, con una acompañante que le sostenía la mano, en actitud de absoluta devoción. La otra cama… estaba vacía.

Entró, para apurar a solas el amargo cáliz… Ni siquiera le fue concedido tiempo para despedirla, para una caricia, para desearle suerte en su último viaje, ¡quedaron tantas cosas por decir!

La ropa de cama, aún arrugada, guardaba la huella de su presencia.

En medio de tanta desdicha, sintió al otro lado de la cortina alzarse las notas de una canción de cuna. La acompañante le cantaba una nana a aquella enferma que no podía escucharla. Sin poder impedir la indiscreción, corrió la cortina verde, conmovido por aquel acto de amor.

La mujer que yacía y la que sostenía su mano… ¡eran casi idénticas! Evidentemente eran hermanas gemelas. La pálida delgadez, las ojeras y la nariz afilada que denotan la proximidad a la muerte no lograban borrar la similitud de los rasgos de la enferma con los de la otra, que con una resignación más allá de la tristeza, la arrullaba y le acariciaba dulcemente los dedos. "Debe ser muy triste la muerte de alguien tan cercano", pensó y el dolor volvió a atenazarle.

Al sentirse observada, la mujer alzó la vista y lo miró profundamente… Tristeza compartida que los hermanó por un instante.

- No te aflijas - le dijo -. La han trasladado a terapia intermedia, está viva y saldrá de este lugar, con algunas cicatrices en el cuerpo y en el alma, pero se repondrá.
- ¡Gracias! - dijo emocionado y, al comprender que su alegría estaba fuera de lugar en aquel sitio, le comentó señalando con la punta de los labios a la paciente - Lo siento mucho, de veras.
- Ella es Nereida - le respondió, mirando a su gemela con una ternura sin límites -, está muy mal, ¿sabes? Dentro de unas horas vienen a desconectar el sistema que la mantiene con vida artificialmente, ya no tiene caso seguir esperando un milagro.
- ¡Qué triste ha de ser para usted! - exclamó, llevándose ambas manos al pecho en gesto involuntario.
- La han abandonado - continuó ella -, todos… menos yo. Demasiado tiempo una junto a la otra para aceptar que ya no seremos una sola. Estaré a su lado hasta que haya concluido, por duro que sea.
- Es usted muy valiente… y la ama mucho.
- ¿Tú también lo crees, verdad? - miró de nuevo a la que parecía dormir - Nadie la ha conocido como yo… Ahora vete, anda, ve en busca de ella y tómale también la mano. Va a regresar, créeme.

Y como si él no estuviera presente, volvió a acariciar la mano inerte y a entonar la suave canción de cuna. Por un momento se sintió regresar a la infancia, cuando su madre le cantaba "duérmete mi niño, duérmete mi amor, duérmete pedazo de mi corazón"… y sus miedos y fantasmas parecían evaporarse.

Abrió la puerta. Una enfermera con aspecto de haber dormido poco se le encaró:

- ¿Es usted familiar de Nereida?
- No, soy amigo de la paciente que estaba en la cama de al lado… Sé que no se permiten visitas, sólo entré a preguntarle a la hermana si sabía algo de ella, ¡tuve tanto miedo cuando vi la cama vacía!
- ¿La hermana de Nereida? - la enfermera parecía más enojada que al principio.
- La gemela, la que está con ella - y señaló a sus espaldas.
- Señor - le dijo ceñuda la enfermera -, vaya a buscar a su paciente en Cuidados Intermedios y no juegue con la desgracia ajena… ¿No sabe que a Nereida la vamos a desconectar porque su familia así lo solicitó… por teléfono? ¿No sabe que en el tiempo que lleva aquí no ha tenido una sola visita?

Sin poder creer lo que escuchaba se volvió y vio de nuevo a la otra, tan semejante y tan llena de energía, arrullando a la moribunda. Miró a la enfermera… era evidente que ella no la veía. No supo qué decir.

La enfermera se arregló la toca y echó a andar, refunfuñando.

- Decir que hay alguien al lado de Nereida - suspiró -… A esta infeliz, ¡hasta su alma la ha abandonado hace tiempo!

Sólo entonces cobraron sentido las palabras "Demasiado tiempo una junto a la otra para aceptar que ya no seremos una sola… Nadie la ha conocido como yo", la certeza con que le decía que su amiga iba a regresar "con algunas cicatrices en el cuerpo y en el alma".

Recordó la voz de su abuelita: "En determinados momentos nuestro padre celestial nos envía señales que solo vemos nosotros, no pueden alterar el curso de los acontecimientos, pero nos dejan saber que no estamos solos, que nuestras oraciones están siendo escuchadas, en eso radica el milagro".

Miró adonde dos figuras idénticas se abrazaban antes de la despedida.

- La han abandonado todos, menos su alma - dijo.

Y comenzó a buscar la habitación donde alguien lo esperaba.



*De Marié Rojas .
-La Habana. Cuba.
Habla Gloria*



En bombacha hace flexiones en la barra (un metro y setenta y siete centímetros de muy buena madera) engrampada en la pared lila. Hoy es viernes feriado nacional y nuestra kinesióloga no trabaja ni concurre al seminario de post-grado. Pudo haber ido a un pic-nic con gente del hospital, en Virreyes. No se suspendía por lluvia y garúa desde el amanecer. Pudo haber presenciado el ensayo de "Los Húsares" en el Centro Dramático Buenos Aires. Hoy es viernes y Ernesto no apareció a las diez de la mañana, feriado el día completo desaprovechándose. Hace flexiones con ímpetu admirable. Nuestra tromba se llama Gloria y desde el martes el zócalo de frente a la puerta del baño, ha quedado salpicado con gotas de su sangre menstrual. ¡Gozó tanto con Ernesto durante las escandalosas cuatro horas en que la sangre parecía no importar!... Había sido desnudada a manotazos, todo convenido, sólo "por las malas". La alfombrita añil también quedó manchada. La primera embestida incluyó a esa alfombra. Fantástico fue cuando él le rescató bucalmente el clítoris con tamaña dulzura. Si no recordaba mal, Ernesto fue el único que tras merodear en la zona en esas condiciones, además se instaló. ¡­La pucha! Así le gustaba a Gloria, la ráfaga del Cono Sur. Será por tanta emoción y gratitud que otro "clinch", meduloso y vehemente, culminó con la felatio más exhaustiva de su trayectoria, tolerando con naturalidad aquel precioso semen en su boca. Lo escupió en el inodoro, un par de buches con la pasta dental y retornó a Ernesto. El prometía "redactar un poema que le haga justicia a tus labios". Labios. Todos reparaban en sus labios. Tomaron whisky en la cama (él, con hielo) antes de renovar el frenesí. Ella encima de él acababa como una locomotora, el vapor (de la locomotora) los aureolaba, lo estaba haciendo bolsa al flaco, ­¡ay! si se pudiera circular con este pedazo hirviente, con este irredento entre las piernas, así aferradas las tetas, insistentes y malévolas las yemas de bibliotecario hundiéndome los febricitantes pezones, pensaba huija pero no lo exclamaba, y Ernesto sucumbió en la cumbre, aunque siguieron, había con qué, un rato.
Concluye la sesión de flexiones, al tiempo que un largo tema del Gato Barbieri, del que abundan pequeñas láminas y pósters en su bulín, aun en los armaritos de la cocina. Suena el teléfono, baja el volumen del equipo, se arroja al tubo. Oye y especifica:
- Habla Gloria.
Su prima tienta: hay dos tipos bárbaros y a uno de ellos la prima se lo quiere presentar. Gloria se juega por Ernesto, renuncia, se abstiene de conocer hombres nuevos por ahora, que no le enturbien el sortilegio del martes, ya sin menstruación lo aguarda, si no fue a las diez será a las veinte, pero será, será, ella lo sabe, gracias, que los disfrutes y chau.
A todo Gato otra vez, fundas y cubiertas de discos por aquí y por allá y los auriculares sobre un bafle. También Beatles y Rolling Stones y Kiss. And Joe Cocker and James Taylor and Bee Gees. Discos en las estanterías junto a los libros de la profesión, apuntes y agendas de los últimos años y un retrato de Gloria adolescente, óptima potra incabalgada. Tiempos de resaltar las pestañas y pronunciar el escote para fastidio de su papá (atemorizado): toda esta potra, digo, esta hija para mi; digo, no es para mí: es mi hija. Tiempos de vigilar la expansión de las pantorrillas, la tersura del abdomen, la consistencia de los muslos. Tiempos de evaluar apetencias a la salida del Normal, de dejar con las ganas, tiempos de acalorada soledad. Nunca hacía frío en su alma. En otro retrato, Gloria miraría a cámara, inmarcesible, mordisqueándole una oreja a un felino bicolor. Y en otro, en una toma posterior, una Gloria baqueteada durante su tránsito por la facultad: orgías al paso con compañeros o auxiliares de cátedra.
El teléfono, sobre una mesita rodante conseguida en Emaús, al lado de la cama de una plaza, de caña, descuarejingada, con la almohada sin funda, suena.
-Habla Gloria.
... al muchacho supuestamente bárbaro. Y lo cita para el lunes. Cuenta las chinches que en la pared coral sujetan su espléndido vestido bahiano, cual si fuera un tapiz. De su estadía en San Pablo viene memorando con insidiosa frecuencia los dólares que se agenciara sin proponérselo, devenidos de una desleída cogida con un hotelero. Recién en vuelo al norte descubrió en el estuche de cosméticos los billetes que le posibilitaron alquilar automóvil, comer langosta a la Termidor y adquirir alguna pilcha cara. Posponía encarar ese episodio, maremágnum de sensaciones displacenteras al principio, en su análisis.
Al dorso de una tarjeta de su depiladora, asienta con un marcador: "Estoy Lavándome El Pelo". La incrusta en la mirilla de la puerta del departamento. Lava su violenta cabellera con champú de huevo en la pileta del lavadero. Se enjuaga, se seca, y se mira en el espejo circular y estropeado que aprisiona un fierrito sobre la pileta. Retira la tarjeta de la mirilla. La guarda en una cigarrera. Teclea en plena siesta, a doble espacio en papel tamaño oficio y con dos copias, la versión nunca se sabe si definitiva de "La Demanda de Atención Kinésica en un Instituto de Día Geriátrico", que urdiera con Carmelita Pizzurno, terapista ocupacional. La presentarán en el congreso de paramédicos de la ciudad de Córdoba. Irá con Carmela. Ernesto examinará la versión por si hubiera incorrecciones de estilo. Estilo el suyo de mecanógrafa. Mucha Pitman y Academias Orbe, pero ataca el maquinón con fogosidad digna de causas menos preciosistas. La Underwood negra salió a prueba de Glorias desmañadas. El escritorio en el que está, herencia de un abuelo abogado y ex-senador, ya temblequea.
Rodolfo Mederos se desgrana desde un casette que Gloria grabara en vivo, cuando ella llama a casa de Ernesto:
-Habla Gloria.
Atiende el amigo de Ernesto, a quien ella conociera también el martes. No había llegado, le dice; él creía que Ernesto estaría con ella. Escueto y amable.
Manduca en la cocina un racimo exuberante de uvas rosadas: una mordida y glup, una mordida y glup. Efectúa insignificantes enmiendas en el trabajo de investigación. Larguito. Y no meramente descriptivo. Ernesto se olvidó los Parisiennes. Enciende con el Magiclic una hornalla y con la hornalla un cigarrillo. De la mesa de luz extrae el pote (dado vuelta) de quitaesmalte Miss Blue, el quitacutículas, dos limas y un neceser de plástico rosa Dior. Introduce el meñique de la mano izquierda en la abertura de la inflamable esponjita y gira el pote. Y así con los siguientes nueve largos dedos. Lava sus manos con agua fría y sin jabón. Se seca. Empuja las cutículas con el aplicador del quitacutículas y las recorta con el alicate. Da forma a las uñas con la lima de acero y luego con la de esmeril, y además, suprime los rebordes. Se lava ahora las manos con agua tibia y jabón La Toja. Esmalta sus uñas, agita las manos y sopla.
Abraza a la almohada, transversal en el lecho, durante media hora se permite el desfile de buenos mozos y ... ¿ qué hace en la pasarela el amigo de Ernesto? Errabunda, considera: La ranura del pote me mambea, me deja... ¿ así serán las de las muñecas inflables?... Y luego: No lavé los corpiños, ni el toallón, ni el vaquero, ni cosí la blusa. Y hasta yo me doy cuenta de que el placard está hecho un quilombo. Ernesto no llama. Ya me veo a la medianoche: lavar, coser, ordenar y meta sublimar. Y se nos queda dormida la que sueña con teléfonos tornasoles afirmados al cielorraso:
-Habla Gloria.
Susurra: -Habla Gloria.
Canturrea: -Habla Gloriaaa....
Grita: ­-¡Habla Gloria!
Ni aunque vocifere. Verdes ojos abiertos. Ha ido demasiado lejos. Transida saca, saca, saca pullóveres, camisolas, medias, pañuelos de seda, saca del placard bolsas de celofán, remeras, un mantón de Manila, cinturones, cuatro polleras y dos túnicas saca y apila, perchas, carteras en el piso, y la dormidera se va, se va, viene lo tangible, con humor ya que no con pasión, música, falta música.
Percibe la inefabilidad melodiosa del timbre del departamento, oprimido varias veces: Gloria se entera de que Ernesto llegó. Abre la puerta, ríen y se le cuelga haciendo pinzas con las piernas. Festeja, besándolo. El patea la puerta, la cierra y traslada a Gloria, la pasea, la acaricia, la zarandea. Todo es confuso y divertido y ella no inquiere ni reprocha. Son las veinte.


*De Rolando Revagliatti . revadans@yahoo.com.ar
Los cuentos de Rita*
Cuadernos y Palabras nº 10
*De RITA BONFANTI.

TRAGEDIA FELIZ
"Dicen que los abuelos recordamos fielmente nuestra niñez, pero olvidamos las hornallas encendidas y
las llaves del cancel".
La niña de la casa tenía cuatro años y era muy querida, la más mimada de la familia.
La mujer era su cuidadora por las mañanas, porque papá y mamá trabajaban y los hermanos estaban en la escuela. Jugaba sola inventando historias o acompañaba a la mujer en la limpieza, frotando con un trapito de lana las sillas y repisas bajas. Hablaban poco, casi nada. Esto había pasado por años. Un día, quizás de los llamados de "ruleta rusa", la niña ve una cuchilla feroz avanzando esgrimida por la mujer que hablaba muy fuerte.
La pequeña salta despavorida y corre, corre y corre del patio a la terraza, de arriba a abajo como un torbellino, al interior de la casa por las escaleras de la sala y la de afuera. Así muchas, muchas
y muchas vueltas; sube y baja y sube y baja. Siempre, detrás, la cuchilla de picar carne y Robustiana embravecida. La niña escapa gritando y manoteando con sus bracitos en alto al cruzar la terraza; mira las casas vecinas porque, quizás, alguien se dará cuenta del peligro que corre.
En esa vorágine interminable, flaqueándole sus piernas, escucha una voz:
_ ¡Entren, es ella! Dos hombres de guardapolvos blancos con una cuerda flotando al aire persiguen a la mujer enloquecida.
La niña se desploma en el abrazo nervioso de su padre.
¿Qué fue de Robustiana?
Diagnóstico: Demencia por Diabetes y sanó.
¿Y la niña?
Sigue rindiendo culto a su ángel protector y hoy les narra sus cuentos.

EL PATRONCITO
Ña Rosa era curandera. Ducha pal "empacho". Te hacía acostar, te bajaba el calzón, te pasaba la mano por la espalda y llegando a la última parte "te tiraba el cuerito" y escuchabas "ái se quebró".
Otras veces decía "no se quiere quebrar", preparaba un emplasto y te lo ponía sobre la barriga. Después rezaba un Dios te Salve María y al terminar decía "tenís que hacer una promesa"
- ¿Cuál?
- Visitar la Virgen de Itatí entrando de "rodiya", pero pronto, porque se enoja si no le pagá enseguida y tenís que prenderle una vela y hacerte la Cruz con los dedo y el agua bendita que te dá el padrecito.
Casi siempre era un "milagro" que se salvaran los "cunumí".
Ña Rosa vivía cerca "d´el" estero donde estaba "escuendido" su viejo marido, por una deuda con la "polesía". Ni ella sabía por qué estaba prófugo.
Fuerte y dura, criaba dos nietos ya grandes. Ramonita llena de mañas pero modosita y Liendre, aprendiz de pescador bastante "pachorriento".
- Ramonita, ya es hora de tener tu "pior es nada" sinó te vay a quedar "pa vestir santo".
- No agüela. Usté no la vide, anda por "ái" con el milico ese, prendido a su enagua como la garrapata al perro lanudo - contestó Liendre
- ¡Agüela! No le haiga escucha, habla al pe... el milico es más guaso "que no se qué". Ayer oscurito ¡me quiso faltar! gritó Ramonita.
- ¿Y qué?... Ya es hora "dei" tener marido.
- ¡Pero a mí no me gusta! Yo "lei" eché l´ojo al hijo del patrón.
¡D´el quiero tener un cunumí!..
Muchos habían naufragado en la profundidad de sus ojos, pero ella era muy "esigente" con los candidato. Sólo al "patroncito" le aceptó los juegos. A los otros los "sacaba carpiendo".
- No se "haiga mala sangre" agüela. "Pa vestir santo" - no me voi a quedar. Si no me junto con el "patroncito", me voy al rancho del milico o de algún "pión" - dice mientras sigue ensillando el mate en una calabacita. Bien cebado debía tener buena espuma.
Mientras, atizaba la leña del brasero esperando escuchar el silbido de la pava.
- M´ija, abrí la puerta pa que dentre la lu!... y… ¿te jue bien con el patroncito?
- ¡Y de nó! Me regaló una "ponchada de biyete" endipué que no apretamo en el pasto "a la que te criaste nomá".
- Mirá m´ija, el patroncito es muy "léido" y rico y dejuro que no se vai a casar con vó.
- No importa mama, a mí me quedará un cunumí "d´el". Dispué si no me junto con el milico, será con uno de la pionada.
La vieja se quedó por largo rato vichando el camino.
Hace días no se tienen noticias del patroncito. Y comenzó su búsqueda.
Los baquianos lo encontraron "achurao". La sospecha del Comisario cayó en el milico, un peón de la Estancia y un viejo, que ha desaparecido de su rancho.
Hasta hoy no se encontró el asesino.
La modosita se juntó con el milico.
- M´ija é el mejor partido pa vó - le dijo Ña Rosa.
- Tá bien agüela, aunque me gusta poco porque siempre está hediendo fiero con la calor. ¡El patroncito sí q´ era limpito! se bañaba tupido y "olía Agua de Colonia".
LA LUJ MALA

Recuerdos de Naré.
Estancia Los Paraísos
Dame unos segundos, le dije a mi nieta, para hilvanar la memoria y te contaré este recuerdo. El Capataz de la Estancia conducía la chata; atrás iban las señoritas de Los Paraísos y nosotras, mi hermana Beba y yo. Cuidando las riendas y el látigo, el hombre continuaba hablando todo el camino en una oscuridad densa; creo que la luna era menguante.
- Ese puestero no sabe lo que dice "habla por hablar"- dijo el Capataz. En este lugar, pudo haber cáido el dijunto Lisandro.
Seguramente Tata Dios no lo perdonó. Por eso no termina de dirse y queda su osamenta quemándose. Hizo de la suya, pero yo no creo en la luj mala.
Liandro no juè tan malo, pero Dios no perdona. Era mi compadre.
Apadrinó a mi gurisa, la menor. Tenía debilidad por el vino, un vicio que le dicen. Pero el no era culpable. Su mama le supo poner vino en la mamadera pa` dormirlo una noche que estaba muy yorón y la había sacao e la casiya. Así corrían las menta.
Más grandecito se tomaba de un saque los fondo de caña y otra bebida que dejaban los parroquiano del bolicho. Era pioncito pa` andar entre las mesa, retirar los resto y llevarse los vaso pa`lavarlo, pero... se mamaba. Y así siguió y de mozo era un borracho, pero no un matrero.
Seguimos un trecho en silencio, hasta que una vocecita dijo:
- ¿Es de verdad la luz mala?
- Mire niña, yo no sé bien qué e`, porque yo no soy léido. Algunos dicen que los cuatrero achuran la vaquilla y los ternero que afanan y la sangre nunca termina de quemarse.
Recordé que mi maestra, la señorita Victorina, había enseñado que los huesos tenían fósforo e imaginé que por eso ardían. Pero no sabía si la sangre tenía fósforo, entonces si no tenía... ¿Por qué ardía? También pensé que las vacas son tan estúpidas porque no tienen fósforo en la sangre ¿Será que el fósforo nos da a nosotros la inteligencia? Por eso mi Doctor Garcilazo le había dicho a mamá que me diera "Fosfina", porque ella me notaba muchas veces "en Babia" y además, agregaba que me pasaba el día leyendo, estudiando y estaba tan flaquita. Me parece tener a mi madre conversando con el Doctor. "Déle algo por favor, para que no gaste toda la energía del cerebro y se quede así, tan chupadita, que da lástima".
¿Qué tendría la sangre de las vacas? ¿Qué sería lo que ardía?
¿No sería "gualicho"? como me decía Robustiana, la criada, cuando charlábamos mientras ella picaba cebolla a puro cuchilla y chaira.
Recordaba ésto en el largo trayecto que recorría la chata con las señoritas, que habían ido a bailar al pueblo. El miedo era grande, no hablábamos entre nosotras y solo el Capataz irrumpía de vez en cuando.
- Dicen los paisano que a veces la luj mala sale del arroyito y por eso naide pasa por ái de noche, porque sale del agua y los corre.
Un hombre léido que anduvo por estos pago, dijo que es algo así como forecencia por los animale o cristiano muerto que se descomponen.
Pa` nojotro son alma de finao sea cristiano o animal.
A veces, los que regresan del bolicho achispao, ven la "doble luj mala".
Pensé que serían almas mellizas. El capataz siguió hablando:
-Alguno del cagaso se disgracian y llegan jediendo fiero a la querencia.
Otro, por correr se caen hasta encima de las tuna y llegan todo espinao. Alguno disparan pa` cualquier lao y al otro día, fresco, amanecen en otro poblao más pal` norte o más pal` sur y si la corrida jue muy entrancao y lo persigue la luj mala, se quedan áhi nomá pa` siempre, porque del susto se le borra la mimoria y no saben nada de su vida de ahí pa` atrá. Es como si esa luj jodida le oscurece el seso pa` siempre. ¿Uste me dira entonce, que luj mala hay miyone porque sinseso que le dicen "opa" o que
se hacen los opa, hay mucho en el pueblo?
En medio de este monólogo yo pensaba. - ¿Para qué ponen kilómetros de cables cruzando los campos de pueblo a pueblo si las luces malas iluminan sin gasto? ¿Habrá luces buenas que nunca corren a los paisanos buenos y luces malas que persiguen a los taimados? ¿Dios es capaz de hacer las luces malas? Le pregunté al Capataz.
- No niña son cosa e` mandinga que anda abajo, en los pago donde estamo los hijos de p... digo, los torcido, malandra y los cuatrero, que son mucho, porque güenos hay poco y cada vez meno.
Al final del recorrido nos esperaban en La Estancia. Al otro día cuando desayunábamos en la gran cocina, me puse a escribir la historia de la "luz mala" y se la leí a las chicas; pero el Capataz
que andaba entre nosotras se acercó y dijo:
- Güeno niña, deme la papeleta que le vua` a firmá, es lo único que sé, poner mi nombre Rito Juárez, pa` que sepan que yo soy autor de su cuento, porque usté solamente lo escribió porque yo no sé escribir.
Por muchos sábados las chicas dejaron de ir al baile del pueblo.
No salíamos de noche. Ponían la vitrola y bailábamos en la Estancia entre nosotras o con los muchachos, si no salían. Había discos de D`arienzo y de Canaro medios rayados, pero así y todo, era mejor que andar de noche por el campo perseguidos por la "luz mala".
EL ESCARABAJO
Habían vivido siempre
juntos hasta ese amanecer.
Se irguió en la cama; tuvo arcadas, vomitó sangre y dió manotazos.
Médico y ambulancia llegaron rápido. En el trayecto falleció y un gran misterio rodeó su muerte. ¿Por qué y de qué? La autopsia demoró. Las conclusiones... "todo normal", sólo una advertencia:
"se encontró un escarabajo entre las heces".
¿Cómo entró a su cuerpo? Siguió el misterio.
A él lo detuvieron por sospechoso. A Baldomero, el marido, que declaró todo lo que recordaba y entre sollozos contó que llevaban juntos "toda una Vida" y que se habían enamorado bailando ese bolero. Que la amaba como el primer día.
Siguiendo su declaración, no olvidó decir que ella le pidió esa noche que dejara en la mesa de luz un vaso con agua que siempre bebía a la madrugada.
La sospecha siguió recayendo en él.
Las vecinas pensaron que había embrujado el agua; la química reveló que no había tóxico; tampoco se encontraron metabolitos de veneno en la sangre ni en la vejiga, sólo el insecto en las heces.
El Juez tuvo una leve sospecha sobre el escarabajo. Pero no hay legislación para reglamentar cárcel para coleópteros.
Mientras tanto Baldomero estudia abogacía y el vecindario lo mira con recelo. El escarabajo flota en formol.
LA ESTAFA
Su asombro la consternaba. La decisión estaba tomada. Esperaba la mañana con ansiedad. Se lo diría a su abogado.
Su cerebro maquinaba vertiginoso; imágenes y gestos se mezclaban.
Desde ese momento no comprendía a su marido. No podía creer lo que había visto y recapitulaba sin cesar, confundida entre las conclusiones.
Él había llegado pasada la medianoche. Ella encendió la luz del velador al sentir el ronroneo de la llave y el chirrido del la puerta cancel.
- ¿Sos vos querido?
- Sí, vengo muerto de cansancio. Hoy fue una jornada muy larga, el Patrón estaba insaciable. Pidió rendiciones y ordenó disposiciones para mañana sin parar. Me doy un baño y me duermo.
¡Mañana será otro día!
Hacía tiempo que él no se arrimaba a darle un beso o sentarse a su lado. Muchas noches pensó que era por el cansancio laboral.
Ahora se le mezclaban los hechos anteriores.
Le preguntó si quería cenar algo; ella se levantaría a servirle un rico arrollado que tenía listo.
Él contestó que no tenía hambre y se empezó a desvestir fatigosamente. Terminó de bajar su pantalón y se encaminó al cuarto de baño.
Quedó estupefacta, su marido calzaba el culote de yersey blanco con puntillas que hacía tiempo le faltaba. Había ordenado su lado del placard y no estaba. Otras veces le habían faltado otras
prendas, un soutient rosado, las calzas de malla negra era lo más reciente. Había pensado en Rosaura su doméstica, a la que había preguntado si las había visto y ella dijo que no.
Pero lo que vio le abrió los ojos y el cerebro. Reteniendo la imagen del trasero de su cónyuge, quedó agarrotada.
Pensó que Rosaura sería amante de su marido y para que reaccionara le había dado esa prenda para que se la pusiera y su mujer se enterara. La otra hipótesis la paralizó de pies a cabeza.
Había sido estafada y no estaba casada con un hombre. ¿Su cónyuge tendría doble personalidad? Quedó muda.
Él regresó envuelto en la salida de baño rosada, se acostó a su lado y dijo: -Hasta mañana, sigo muy cansado!
Ana mordió sus labios para no gritar.
La estafa le martillaba la cabeza. Mañana, plantearía su divorcio.
ABUELA GORDA
Había una vez una anciana en condición física deplorable, con muchos quilogramos demás que decidió comprarse una bicicleta y comenzar con el pedaleo para recuperar su antigua silueta.
Mientras curioseaba en un negocio de "ofertas de contado" se le acercó un joven empleado.
- ¿Qué le podría recomendar a una vieja gorda con un trasero enorme que hace cincuenta años no ha montado una bicicleta?
El joven sin parpadear y esbozando una sonrisa, le contestó:
- Bueno... tráigamela usted y veremos que podemos hacer por ella.
Por supuesto, el excelente empleado logró la venta.
EL MISTERIO DEL ABANICO
"Procura ser como el
Sándalo que perfuma
el hacha que lo hiere".
Pensamiento Hindú
La dama lucía su abanico con gracia y sensualidad. Era un recuerdo de su abuela. Se lo había regalado al cumplir quince años diciéndole "te traerá suerte como a mí. Los varones se rendirán a tus pies. Elegirás un amor y en la intimidad encenderá la pasión. Serás felíz. Cuando sientas el paso de los años casi al
final de este camino, deberás obsequiárselo a una nieta como Talismán de la dicha".
La dama y su abanico, despertaban amor en las veladas del verano santafesino. Las impregnaba de un aroma de paz y dulzura.
A ellos, los embriagaba junto a su piel. Después de años de felicidad matrimonial se quedó sola y nunca dejó de abanicarse y soñar. Su ráfaga de aire fresco tenía un aroma misterioso. Recordaba su amor y volaba a las nubes para estrecharlo. Muchos veranos calurosos pensó en el misterio de su abanico. Se acercaba el día de regalárselo a su nieta, con el enigma revelado o silenciado. Pero no podía morir con su payé. Sabía que olía especial.
Decidió visitar al Anticuario de fama ¿Cuál era el secreto?
Él no pudo resistirse y le pidió matrimonio.
Debajo de su almohada aún está el abanico cada noche. El Anticuario guardó el secreto: "Cuando ya no esté querida mía, en el cajón de mi mesa de luz en sobre lacrado, encontrarás el misterio del abanico".
Una noche, ya sola, la anciana rasgó el sobre y la nota decía:
"Mi amor, el abanico de tu abuela es de Sándalo de la India y allí está el misterio de tu seducción. Su madera tiene efectos sensual y relajante, aromatiza la piel y libera la mente".

¿CAZADORES?
Varios amigos decidieron salir de cacería un fin de semana invernal. Cada uno se proveyó de la utilería: botas, medias de lana, guantes, saco de cuero, pantalón impermeabilizado, rifle, escopeta y otras menudencias, carpa y bolsa de dormir.
Dispuestos a pasarla bien, no olvidaron una buena provisión de botellas de vino tinto, ginebra, whisky y alguna que otra agua mineral.
Unos días antes, habían promocionado en el vecindario sus grandes dotes de cazadores.
Después de los dos días de cacería, al preparar nuevamente los bártulos para el regreso, se dieron cuenta de que pasarían tamaña vergüenza, porque no traían ninguna presa.
No salían de su asombro ¿Cómo les había fallado la puntería?
Resolvieron el honor pasando por el Mercado y adquirieron una buena cantidad de patos y otras aves...
La resaca de tremendo fin de semana de jolgorio, sin traer ninguna botella de vuelta, no les permitió darse cuenta de que "las aves adquiridas no eran silvestres".
Rita Bonfanti
Rita Gladys Bonfanti, Santotomesina, hija de inmigrantes italianos vinculados industrial y socialmente con la Argentina, aprendiz de escritora desde siempre, poeta, narradora, autodidacta.
Concurrió a talleres literarios, generadora de cultura. Apasionada por las artes y la literatura, cultiva su intelecto cada día y pone su amor en cada obra que realiza. Lo que sus manos tocan, lo transforman.
En su larga trayectoria ha efectuado publicaciones en el Diario El Litoral y en Periódicos locales. Incursiona en audiciones radiales y participaciones en Escuelas con actividades culturales.
Egresada de la U.N.L. como Químico Analista Industrial y Bromatológico. Ex Docente de Nivel Medio, Terciario y Universitario.
Guía de Turismo. Prof. de Italiano y Danzas Nativas. Mediadora.
Primer Mujer Concejal en la ciudad de Santo Tomé (1973-76).
Fundadora y Directora del Mini Salón de la Mujer Casa de las Culturas, entidad sin fines de lucro, abierta a la comunidad. Pequeña Galería de Arte. Declarado de Interés Municipal por el
H.C.M. de Santo Tomé el 23 de Octubre de 2.001.
Premios a La Excelencia: En 1996; Por Abnegada Tarea; 2.004, al Mini Salón de la Mujer; 2006, por Excelencia Humana.
Declarado de interés provincial (Cámara de Diputados de la Pcia. de Santa Fe) 13/05/10
Ciudadana Ilustre H.C.M. Santo. Tomé.
En Bariloche concurre desde hace 9 años al Grupo de Lectura "POENAUTAS CONJURADOS".
Contactos: Tel: 0342- 474-1998 * O. Gelabert 1858/54(buzón)
ritabonfanti@yahoo.com.ar
Colección LuzAzul.
Cuadernos y Palabras
Edición Cooperativa de los Autores.
-Coordina: Oscar A. Agú . oscarcachoagu@yahoo.com.ar
*

Inven tren Próxima estación: HERRERA VEGAS.

El Inventren sigue su recorrido por las siguientes estaciones:

HORTENSIA.

ORDOQUI. / CORBETT. / SANTOS UNZUÉ.

MOREA. / ORTIZ DE ROSAS. / ARAUJO.

BAUDRIX. / EMITA. / INDACOCHEA.

LA RICA. / SAN SEBASTIÁN. / J.J. ALMEYRA.

INGENIERO WILLIAMS. / GONZÁLEZ RISOS. / PARADA KM 79.


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26.10.2010 GMT

El tío Pelayo. Ian Welden / Dinamarca

EL TÍO PELAYO

"En memoria del genial y generoso Pelayo Gajardo, que en paz descanse.

Y para todos los niños y niñas del mundo que no tienen un padre o una madre, pero sí un noble tío o tía que los quiere y cuida".

Yo ya no tuve padre a la edad de diez años. Él, siendo extranjero, regresó

a su país y no lo volví a ver jamás. Esa separación me causó un dolor

tan profundo que aún lo llevo intacto en algún lugarcito de mi alma.

El hermano de mi abuela Graciela, el tío Pelayo, asumió voluntariamente

la tarea de ser mi figura paternal.

Era mi tío preferido y siempre me invitaba a su vieja y casi derrumbada

casa en el pueblecito de Papudo, litoral chileno. Los temblores y terremotos la fueron convirtiendo lentamente en una especie de vivienda embrujada, de esas que veíamos en las películas de Walt Disney, pero la vida bullía con alegría y siempre había un lugarcito para mi entre mis primos, primas, tíos y tías.

No tengo idea en qué se ganaba la vida. Siempre vestía el mismo traje, corbata y zapatos muy envejecidos. Y un maletín, de cuero de dinosaurio, decía él, por lo avejentado que ya estaba. Pero jamás faltaba comida en la mesa,para doce personas o más, y braseros en los dormitorios para no morirnos de frío en las gélidas noches del Océano Pacífico. Y por supuesto algún dinero para comprar caramelos Ambrosoli.

A falta de recursos económicos para adquirir un automóvil encontró una ambulancia abandonada en un basurero; la llevó a su casa y con paciencia la fue limpiando y reparando hasta que la hizo funcionar. Incluyendo la sirena. Y el viaje de inauguración

del vehículo lo hicimos con serpentinas y globos a altas velocidades

por las polvorientas callecitas de Papudo y la sirena poderosa asustaba a

gallos y gallinas, chanchos y caballos y otros seres comunes en la vida

del pueblo.

En casa del tío me enamoré por primera vez. Fue de mi prima Sarita. Ay, qué terrible

señor! Era un amor correspondido pero absolutamente platónico. Caminábamos

por la playa recogiendo envoltorios de caramelos Ambrosoli para nuestra supuesta y fingida colección, y no nos atrevíamos a mirarnos mucho a los ojos porque cuando lo hacíamos era como mirar al sol de frente. Un destello de luz nos cegaba y ruborizaba.

Trepábamos por las rocas de la playa en los atardeceres y teníamos nuestro lugarcito predilecto cerca de los botes ya amarrados para la noche. Ahi cantábamos canciones

de moda tales como "Mi amor, mi corazón, eres tan bella, cómo un melón..!"

Todavía y ya en mi vejez me duele el alma cuando la escucho en la radio.

No recuerdo que sucedió con nuestro amor. Creo que nos perdimos en los recovecos de la vida...

Recuerdo también a mi prima Isabel, muy hermosa y de ojos verdes y penetrantes como diamantes a la luz de la luna. Tenía mi edad, 10 años, y este era un amor decididamente sensual pero jamás consumado. Un día, en una de las carpas que había en la playa y que

se usaban para cambiarse de ropa, me bajó el traje de baño y ahí estuvimos, de pié el uno frente al otro con los ojos cerrados... porque no sabíamos qué más hacer.

Mi tío me enseñó a peinarme como hombre. Ni mi padre ni mi madre se habían preocupado de hacerlo y mi cabello siempre muy largo caía revuelto como el de un espantapájaros sobre mis anteojos y orejas.

Él me llevo a la peluquería y ahí después que me cortaron un kilo

de pelo, sacó su propia y sagrada peineta del bolsillo y me dijo: "De este lao pa´la izquierda y aquí te hacís la partidura. Y este lao pa´la derecha y quedai macanudo!"

Y yo hasta el día de me acuerdo de él cada vez que me peino.

Íbamos todos a pescar al destartalado muelle de Papudo por las noches.

Una vez me caí al agua. Habría tres metros de altura desde la plataforma

del muelle al mar. Me estaba ahogando entre la gritería de mis primos y de los

pescadores. En medio de mi angustia, apareció mi tío a mi lado en el agua, con su traje

y corbata y zapatos, y me salvó la vida. Era mi héroe.

Cuando yo vivía con mi madre en Santiago, el tío Pelayo venía a visitarnos.

Llegaba en su ambulancia con sirena y todo, causando risa o espanto entre mis vecinos.

Generalmente planificaban con mi madre, abuelo y abuela, mi próxima estadía en Papudo, lo que me alegraba el alma porque podría ver a Sarita e Isabel nuevamente.

Pasaron los años. Mi adolescencia me llevó a vivir a otros países y perdí todo contacto con él.

Me fui a Barcelona donde viví un año y desde ahí me trasladé a Copenhague.

La primera vez que viajé nuevamente a Chile lo primero que hice fue llamarlo. Hablamos por teléfono y quedamos en encontrarnos en el Kika, un café restaurante muy famoso en la calle Providencia, cerca del inmundo Canal San Carlos, en Santiago de Chile.

Nuestra reunión fue triste. Me contó de la muerte de su adorada esposa, la tía Gary.

Se veía muy viejito, con un bastón. Le pregunté por la ambulancia y nos reímos.

La soledad lo embrujaba. Eso era.

Este hombre maravilloso, genial y generoso, que una vez fue el espíritu vivo de varias generaciones en nuestra familia, había sido abandonado por nosotros cuando más nos necesitaba.

Sentí vergüenza y se lo dije. El guardó silencio.

Nos dimos un gran abrazo y se fue de mi vida para jamás volver, apoyándose en su viejo bastón, seguramente a golpear en alguna puerta para mendigar una tacita de té y un poco de compañía.

La vida puede ser muy ingrata niños queridos.



Ian Welden

Valby, Copenhague

Dinamarca

ian.welden@mail.dk



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26.10.2010 GMT

La Tibieza de las Sábanas Maritza Alvarez / Chile

Digo que cuando despierto al día, el calor de mis sábanas te presiente

y emula sus canciones penitentes en el oído hueco de la vida

Pero ese calor te llama a voz en cuello... y no quiero levantarme

y no quiero dejarlas sin darte un beso de buenos días

sin acariciar tu figura amada, sin treparme en ella

a buscar de la vida su mejor sabor

Digo que tu forma y tu figura, asfixiada en la distancia

difusa en la bruma que hoy se levanta

desvanecida en el Triángulo de las Bermudas

la busco incansablemente y gasto recursos y fuerzas

pegando carteles en las paredes y en los árboles a lo largo de todo mi país

gritando en las calles si alguien te conoce...que me diga dónde estás!

Ay de la ausencia!... que hiela mis manos pequeñas y pálidas

Digo que nada digo, que ya no sé decir nada...

Digo que en la noche, inevitablemente cansada y separada de estas labores

(que me ocupan despierta cuando no debiera estarlo)

mi cuerpo se estremece en tu pensamiento, y siente frío

sometiéndome al abrigo de las cobijas

Digo que cuando cae la oscuridad en mi nido,

me oculto entre mis sábanas nuevamente, entibiando el lado tuyo

para que no mueras de frío cuando vengas

para que no sientas la brisa del sur que se cuela por la rendija de mi puerta

Esta puerta tan callada -que ya no sabe hablar-

y pinta un azul terrible y solemne

la que espera por tus pasos serenos, por el sonido del timbre

el que adivinaré tuyo entre todos los otros

y espera por tu voz cautivante que pronunciará las palabras esperadas:

"Aquí estoy, mi mujer tan amada"...

Foto de rosa fuente:

http://i184.photobucket.com/albums/x79/pixvirtual/ci/67/flores_zeKXn.jpg



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26.10.2010 GMT

Pase usted / Silvia Spinazzola / Argentina

- Pase Ud.
no se detenga -


Haga como si estuviera en casa.
Arrastre sus pantuflas

sobre el parquet lustroso
escupa sin pudor esa semilla
y siéntese
sobre el sombrero nuevo del abuelo.

Alce sus piernas a la altura del ombligo
con leve rotación hacia ambos lados
para que - entre los pies -
sus ojos
acomoden
acalambrados glúteos
frente al televisor que pinta peces.

Maneje con control y sin alcohol
desde el rincón remoto de su cuarto.

Distraiga su atención unos segundos
y haga el clic necesario
con su traje de buzo
al sumergirse en cuotas
del mundo que le venden

al contado.

Ahora sí - no se distraiga -

[Seguimos trabajando para Ud.

y por Ud.

haciendo y deshaciendo]

- Ud. descanse -


© Silsh

(Silvia Spinazzola)

Argentina



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16.10.2010 GMT

Salvador PLIEGO MEXICO.

Poesía

Déjame entrar en ti,

abierto, extendido,

fosfórico y herbolario,

como un forajido arrancándote las letras,

estrellándome en tu cintura de madera y verbo,

enrojeciendo tus secretos, tus espadas victoriosas,

tu veloz palabra benemérita,

la montura en que cabalgas y el sujeto brioso en que destellas.

Déjame invadirte,

salir a los potreros y a los pueblos

abanderando cada verso, liberando la palabra,

emancipándome en tus hilos de ritmo y simetría,

en tus ojos rojos que miran lo invisible.

Déjame acudir a tus harapos y a tus torres,

desde el fondo, aun incomprendido,

y batirme en tu historia de piedras y copales;

sacar las cimitarras y cortar cadenas y centurias;

penetrar en las alturas, a las bóvedas del cielo,

en los cóndores plateados y en las águilas bermejas,

en la precipitación de las auroras.

Déjame excavar la tierra y mostrar las uñas ya sangradas

con los dolores del minero,

con la yunta calcinada,

con el surco ya saqueado;

sembrar de nuevo los cereales, los carbones,

las espigas, las uvas de las granjas,

y abrir las puertas terrenales

con las honras de los cantos.

Déjame ser el grito que sucede,

que acusa y delata,

que muestra las manos de las sílabas

ardiendo junto a las madres y papeles,

porque inmisericordemente la dureza fue encendida

y el verdugo se jactó de arder las mechas.

Vuélveme a escribir letra por letra,

sílaba a sílaba y canto por canto,

como si yo mismo, hambriento,

tuviera la herramienta, supiera de la espada

y contuviera la amargura.

Alárgame sediento a los aceros,

al canto forestal y duradero,

a donde rinda el florete su cuchilla,

al idioma de la greda y los parajes,

a los dedos mágicos de las violetas

y de las aves que a la bruma dieron alas.

Déjame entrar en ti y amarte,

inundarme de tus ríos,

de tus telares de oro,

de tus guacamayos arrolladores

y de tu sueños insepultos,

para diseminarme junto a ellos

en los escombros de la noche,

en las esmeraldas de los mares,

en los huecos de la vida,

y abrazarme, tú a tú,

con la última ternura;

y darle un beso…

y verle que sonríe.

Flor de los vientos

La flor es un fusil de amor,

un fusil de labios, rotundo y penetrante.

¡Qué canto te dijera si el cantar del mar viniera!

Quiero un arma silbando por el monte

y un silbido que cante un bello nombre:

pólvora de rosas y un cañón para escoltarte,

un colibrí hilando y el abeto, igual, a mil volando.

Quiero una batalla de lilas y amapolas

que tiñan con sus cuerpos de blanco las pupilas,

y al pétalo solfeando, airoso y ajetreando.

Ir a la explanada del poeta y a su casa

envuelto en esa manta de hierro y de campanas,

y el hierro que sea nube de mirlos y de calas;

enlistarme en una vista y amarle con su rima.

Quiero la poesía cargada y preñada,

dando a luz, bramando hasta que nazca:

de una mujer de pueblo rebelándose en la plaza,

de un niño en el corcel de madera y crianza,

de un campo de hombres, y nunca doblegada.

Quiero una ventana: jazmín, cobre y agitada;

un tintero libre y un octosílabo en recuadro;

que apunten a la voz, al cuello, al grito, del siempre partisano,

y del gerundio colgándose y temblando.

Por más fusil que lleve,

por mas letra vencida,

hay sangre en vez de plomo

y sangre respirando,

latir entre los codos de brazos despertando,

y un hombre en cada hombro: fusil de flor y asombro.

Por cada hombre respiro maíz, arroz y canto:

pólvora que viene de tierra, surco y cauce,

y hierve en los volcanes luchando al sembrarse.

Quiero mil batallas de lilas y amapolas,

que vayan todas juntas cargándose y unidas,

y cuando ya disparen, si es preciso,

desborden las pupilas sus flores amarillas.

Latir de los fusiles de cañas y cananas

cuando en las armas viven del pueblo sus labranzas

y besan en las ramas las rosas hilvanadas.

Cantares que se funden en pechos del obrero,

bigornias cual floreros domando los aceros,

y en mano de los cantos claveles engendrando.

Quiero mil batallas, y todas liberadas,

de lilas y amapolas floreando en las montañas,

y, si es preciso,

naciendo en las entrañas.

Fruto de las villas la crónica y garganta

que brota de la espiga de alguien que camina,

y cuando se cosecha, masa es su justicia.

Quiero las batallas, mil y mil batallas,

mil juntando miles, mil soldando todas,

de lilas y amapolas sumando a las begonias,

que forjen cada tallo, que limpien el arado,

que lleven en los dedos los callos del sembrado,

que apoyen en los hombros al hombre liberando

y, si es preciso y fuese necesario,

con flores en la mano para irles ya besando.

     Bonita    
     
    ¡Bonita!   
    Mi alma tórrida y aguerrida te busca   
    entre los páramos para saciarse.   
     
    En silencio te imagino como eres:   
    El verano del follaje y las azaleas,   
    picoteando uvas dulces y pistilos.   
    Llenas pájaros y zurces alas en las nubes.   
     
    Emigra mi alma a cualquier rincón para buscarte.   
     
    El trino de la lejanía suave y delicado   
    se esparce, sacude y hace eco.   
     
    ¡Bonita!,  te imagino como eres.   
     
    Mi alma se complace y vuela incógnita para saciarse.   
    Arte y vuelo se conjugan   
    y te escapas entre plumas, alas y enramadas:   
    lúcida y coqueta, indómita y endeble,   
    taciturna y sonrojada.   
    Te imagino atrapada en la espesura.    
     
    Trasluces los colores y los mezclas,   
    aromática y seductora, trigueña flor en vilo.   
     
    Mi alma excitada te dibuja como eres.     
     
     

Acaramelados

Dulce garapiñado y dulce achocolatado.

Por el telar de la acera presentan rostros pintados,

y cada rostro que pintan sus manos se van chupando.

Hojuelas de caramelos, confites azucarados,

los labios almibarados de tinte aterciopelado.

Dulce garapiñado y dulce achocolatado.

Corren los niños al bosque,

corren con dulces mostrando,

y el más pequeño de ellos su aliento lleva libando.

Dulce garapiñado y dulce achocolatado:

labios almibarados.

En cada risa se notan los dedos dulcificados.

Y corren los niños, corren,

saltan con dulce en la mano;

el mundo cargan chupando,

las ganas tejen jugando.

Dulce garapiñado y dulce achocolatado.

Allá por la verde loma los niños vienen brincando.

Sobre la senda los gritos, sobre el paisaje los ruidos.

Labios almibarados.

El río planta sus ojos en cada cactus jaspeado

y la montaña de mimbre les toca un timbal de ornato.

En el lindero la cuesta su sombra les va buscando.

Dulce garapiñado y dulce achocolatado.

Un niño pisa un lagarto que corre todo asustado

y grita su pecho abierto llenando de espanto el llano.

El eco duerme su siesta, se agrupa al oír el llanto,

y las criaturas se abrazan mostrando pavor y espanto.

Allá por la verde loma los niños vienen brincando

y el río abre sus ojos con los timbales del canto.

Dulce garapiñado y dulce achocolatado.

El más grande del grupo le dice al más pequeño:

"Tiéndete de muertito para asustar al lagarto y correrle todos al llano."

Y el niño, con su bolsita de goma y cacao blanco,

le dice todo agobiado:

"Y cuando me muera todito, ¿podré seguir comiendo el cacao?"

     

Donde miran esos ojos

Calla la tarde. Se empecina. Regala el viento una bienvenida. Sopla su fuerza como la biela que en el mar se aleja, como un cristal esparciéndose, suavemente, en la ventisca. Otrora, quizá potencia enardecida, quizá estela de un verano embravecido, tal vez la voz de un efusivo cetáceo con su tarareo enternecido.

Calla la tarde, y a lo lejos, como dos bulbos encendidos, dos esferas de trigales, dos mitades del sonido, abres tus párpados… y el cielo mira. En el viento puro todo emerge: hay una pulcritud de aromas, hay un color de umbría, desata el corazón su pecho, amarra el pulso a su latido, se vuelca el brillo a su destino.

Quiero hablarte, simplemente, de jazmines, que se abren como espumas a lo lejos, que ensayan, primorosos, su música de abriles, que encuentran los parajes recónditos del verso y arman caravanas de cánticas ofrendas. Quiero cegar la noche para hablarles, que tengan su mirada de bosques y aluviones, que busquen las viajeras lumbres de nébulas australes, las distantes miradas de los soles, las enigmáticas sonrisas de quásares boreales. Quiero acercar tus ojos y llenarlos de plumajes, hablarles despacito, murmurarles sin tocarles, sentirles sin el tacto, rozarlos sin palparles. Quiero que recuesten sus iris donde el mar hinca su encanto y dejen sus colores risueños y flotando. Quiero atardecer la misma tarde, a que escape enamorando y buscar, silbando, el sonido de su canto; hablarte despacito, cuchicheando, y en tus ojos, ya de tarde, al mirlo ver volando.



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9.10.2010 GMT

Parque Los Chorros/ Edilia de Borges.

PARQUE LOS CHORROS

Hola amigos de la montaña, les cuento:

La restricción de subir al Parque Nacional El Ávila en toda su extensión solamente hasta la casa del guardaparque, no nos parecía muy invitadora. El día domingo había amanecido tan hermoso, con un cielo limpio de nubes el sol brillando como recién lustrado, una brisa suave y una visión de la fila del Ávila cristalina, nítida, la veíamos toda con precisión, desde la bandera nacional ondeando orgullosa cerca del Hotel Humboldt en Cerro Ávila, Lagunazo, La Silla de Caracas, Pico Oriental, Cabeza del Elefante, Estribo Duarte y mucho más todavía si mirábamos hacia el este. Basta que se nos prohíba algo para que justamente en ese momento queremos hacerlo.

Pero no, ¿Para qué buscarnos un incidente desapacible al negarnos el paso? Pensamos un poco y nos vino la idea. Visitaremos un sitio que ambas conocimos tiempos atrás, cada una por su lado sin conocernos todavía, de la mano de nuestros padres: Parque Los Chorros.

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Caminamos desde la Av. Francisco Miranda siempre hacia arriba, hacia la montaña en la Urb Los Chorros hasta llegar a la Av. Arístides Calvani, en una vuelta de la calle se encuentra el portón de piedra entrada al parque, un empleado de Inparques la custodia, nos da la bienvenida y a la vez nos hace recomendaciones en cuanto a lo que veremos y a la seguridad, en este punto hace énfasis de estar "ojo avizor" si vemos alguna persona en actitud sospechosa, suaviza el tono cuando ve que nuestros rostros se demudan recelosos: "Pero no se preocupen por allí están algunos jóvenes custodios de la seguridad". Pero el mal ya estaba hecho, mi corazón y el de mi amiga tuvieron un movimiento brusco de sobresalto, cruzamos miradas y casi de inmediato nos despojamos de los relojes, lentes, escondimos los celulares y las máquinas fotográficas regresaron al morralito.

Desde la entrada sombreada que le da el techo de madera, la penumbra es Ley, hay tanta sombra de árboles altísimos y frondosos que al sol le cuesta trabajo hacer llegar sus rayos al suelo, los tamiza y escurre entre las ramas dibujando arabescos en nuestros rostros.

El parque se ubica en 4,5 hectáreas, su atractivo principal es que en él existe una preciosa cascada natural, tiene muchas bajadas y subidas senderos con escalones de piedra (originales), barandas de madera y en ciertas partes (cascada) de hierro forjado de color verde semejando enredaderas, en algunas partes está caída sin reparación, algunos puentes, uno de ellos me pareció de "Ojiva" no pude distinguirlo muy bien por estar muy penumbroso e invadido de plantas por encima y sus dos lados.

Estrecho riachuelo custodiado por doquier por grandes rocas, aguas transparentes que corren fuertes pero tranquilas, pozos naturales y otros hechos por la mano del hombre con las mismas piedras existentes sin perturbar el paisaje, donde se bañan, juegan y retozan los niños, y a veces no tan niños, aún cuando hay carteles que indican la prohibición de baño para adultos, lo que no impide que éstos se descalcen e introduzcan los pies en el río mientras cuidan sus retoños.

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La flora existente es maravillosa, muy variada: caobos, bucares, palmeras, bromelias, orquídeas, mangos, líquenes, musgos, barbas de palo, coquetas, plátano de jardín y muchas más que no identifiqué. Pude ver algunas mariposas grandes y pequeñas, de color azul, negras, listadas, mi amiga Rosana quien tiene una especie de "justa" con ellas, hizo maromas con su cámara fotográfica para tratar de robarle la imagen, pero ninguna de ellas posó, será en otra oportunidad, Mientras el canto de un colibrí casi me hace "dislocar" el cuello tratando de ubicarlo sin resultado positivo.

No había mucha gente ese día o sería porque era temprano, por eso cuando vimos a unos jóvenes uniformados, con radio en mano, nos le acercamos y pudimos hacer preguntas y obtener respuestas satisfactorias en relación al funcionamiento del parque y la receptividad de los usuarios: "El parque abre de 8.30 am a 4.30 p.m., no se paga entrada, sólo estacionamiento, tiene zonas para picnic, baños en buen estado, no se permite la entrada de vendedores de ninguna clase, existe un restaurante con abanico de ofertas, desayuno, almuerzo, o merienda, dulces, helados, refrescos, atendido por un matrimonio italiano que tiene mucho tiempo establecido en el sitio, servicio esmerado, con mesas afuera si se quiere, menú variado y sabroso, pulcro y atención de primer ler. Orden y precios solidarios. Lo pudimos comprobar.

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El joven de seguridad que nos atendía, al notar el anhelo con que veíamos la hermosa cascada, nos invitó a subir al mirador hasta donde termina el área del parque, él nos acompañaría, ya que no era recomendable hacerlo nosotras solas.

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Nos contó que el grupo de vigilantes (No son de Inparques) son de una Cooperativa que desde hace muy poco tiempo trabaja en el parque, viven allí en un módulo especial y se turnan cada 15 días, cuando regresan a su lugar de origen en el Edo. Guárico, conformada por 14 personas. Nos cuenta que con la ayuda de la Guardia Nacional el índice de delitos ha disminuido mucho. Antes de ellos llegar a cualquier hora o momento de descuido los maleantes entraban al parque por un orificio que hicieron (nos lo mostró) en la cerca metálica que marca y separa el parque de la montaña (PN EL Ávila). Visitante que se descuidaba lo robaban, cometiendo delitos muy graves, no solamente robos.

Para olvidar el mal sabor de estas informaciones, con sumo cuidado porque la escalera de piedra está resbalosa con el rocío del agua, algunas veces el pasamano no existe, o algún escalón se deslizó y con ayuda de nuestros bastones, siguiendo al guardia, subimos hasta el último mirador. Allí la belleza de la caída del agua me deslumbró, hay un sonido fuerte, sonoro, miles de gotitas se desprenden de la cascada y el viento las lleva lejos, la fronda a su derredor brilla con la humedad, reluciendo con el sol, Es una caída limpia de un chorro fortísimo, al caer y toca el pozo debajo de ella, la espuma salta por todos lados. Es profundo allí se nos informa 3 m y algo, las orillas todas al derredor se va ahondando mientras más una se acerca al centro. Fue maravilloso poder contemplar por un buen rato, fotografiar y admirar la maravillosa visión sin perturbarnos por la contaminación sónica de voces y gritos de otras personas.

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Ya con nuestras fotografías realizadas y sumamente agradecidas por la gentileza del guardia, nos despedimos y caminando lentamente tomamos el sendero que nos trajo de vuelta al bullicio vehicular. El resultado de esta caminata tan suave y rica en belleza y tranquilidad, nos hizo reflexionar de cuál será la razón que el parque no sea visitado por un mayor número de personas, de padres que lleven a su hijos a encontrarse con la naturaleza en ese remanso de paz ornado con mariposas, pájaros, río, plantas, sardinitas, a sentir y palpitar la vida.

Nos vemos en la próxima,

Edilia C. de Borges

Fotografías: Rosana Langerano



En: No Categorizado
Permaenlace: Parque Los Chorros/ Edilia de Borges.
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5.10.2010 GMT

Maricela Luján Mexico....

Llévate ese trailer, cargado de cacahuates.

Por Maricela Luján

Casi nadie tiene un negocio como Hermenegildo Buenrostro, estoy segurísima de ello, uno lo ve con esa rubicundez que no te deja dudas,

luce como un hombre satisfecho… esa cara de luna rosada y aquella sonrisa a flor de piel tan fácil de prodigar luciendo sus dientes pequeños como granos de elote, y esas redondeces que acusan su gusto por los tacos al pastor y seguramente por las siestas de todos los días, y que decir de su bonachonería: es el hombre más bonachón que se haya visto en kilómetros a la redonda y por todo esto jamás uno se podía imaginar que su bienestar económico partiera de las golosinas caducadas que sabritas y barcel han retirado de los anaqueles.

Si, los bubulubus apelmazados, los ositos panda de colores aplastados, las pasitas con chocolate que se han convertido en una plasta a causa del exceso de calor, todo tipo de dulces sonrics y ricolino que estaban a punto de ser incomibles.

Diario, miles y miles de bolsitas regresan a las bodegas del fabricante ya que las tienditas de la esquina requieren se les cambien los dulces amorcillados en el anaquel por productos más frescos y la empresa proveedora acepta tácitamente rembolsarlos por golosinas nuevas, no en balde tienen cientos de camionetas y representantes que visitan a todo changarro ( como se estiló decir en tiempos de Fox ) ó estanquillo más perdido y escondido de todas las ciudades y en cualquier pueblo que tal vez ni aparece en el mapa.

Y aquí es donde entra Hermenegildo: él tiene un trato con el fabricante de todas estas golosinas que él les debe comprar todo lo que le vendan en estado caducado, sin importar que es, tiene que agarrar parejo, de hecho no le dan opción de escoger. Solo le dicen:

"hoy hay colaciones y garapiñados, 300 kilos de cada uno "y a entrarle pagando en la caja lo que corresponde y llevándose sus camiones cargados de saldos de golosinas, y sus camiones son propios ya no renta unidades como al principio, no.

Sus dos choferes son fieles colaboradores que conocen bien la logística, deben quitar primero todas las bolsitas, éste es un trabajo manual que lleva tiempo pero es indispensable, deben desaparecer toda publicidad impresa de las marcas ya que es parte del trato, hasta que todo el producto queda a granel, (¿se lavarán las manos?) Una vez terminada ésta labor artesanal van a descargar a las bodegas de su patrón, en otras ocasiones entregan directo a los dulceros del tianguis de San Felipe de Jesús.

Hermenegildo hoy en día se permite dar crédito a sus clientes, de hecho ha apadrinado a dos de los chamacos de sus principales clientes, es un hombre de ley, devoto guadalupano. A veces se reúnen los domingos para desayunar barbacoa y al terminar se cuentan anécdotas de lo que ha sucedido en la semana, ó a veces aclaran ó liquidan cuentas relacionadas al negocio.

Los clientes de Hermenegildo, tienen a su vez muchos clientes que venden afuera de las escuelas primarias y secundarias, utilizando carretillas para transportar las incontables golosinas, mismas que empacan en pequeñas bolsitas de celofán transparente.

Claro que se dan algunas mañas para disfrazar cuando las botanas, pepitas de calabaza, habas y garbanzos les llegan demasiado secas y desabridas, los pasan en el sartén con aceite hirviendo y santo remedio, agarran nueva consistencia y ni quién se entere.

El año pasado Hermenegildo Buenrostro y su esposa se dieron una escapada al viejo continente, su ilusión era ir al Vaticano y tener la dicha aunque fuera de lejos de conocer al papa. Al principio parecía un sueño irrealizable, pero conforme pasaron los días y el viaje se fue materializando hasta estar subidos en el avión, empezaron a sentir que era de adeveras.

- Hermenegildo - le dijo ella, tú crees que podamos conocer al santo padre? Yo quiero besarle la mano y que nos tomen una foto para luego presumirla.

- No lo sé mujer, hay que tener fe - contestó el buen hombre.

Cuando al fin estuvieron frente a la Basílica de San Pedro, a Hermenegildo le llegó una especie de revelación: no podía creer que su trabajo de las golosinas recicladas les hubiera dado para tanto y sintió una emoción que lo lleno de poder, y en ése mismo instante quiso cumplirle a como diera lugar el sueño que tenía su señora de tomarse una foto con el señor del Vaticano.

Indagó con el guía que los había llevado como se podía hacer para saludar al papa, aunque fuera un instante y éste le pasó un tip: había que llenar un formulario y pagar una cierta tarifa en euros para tener acceso a tal dicha.

Hermenegildo lo hizo. Al regreso del viaje trajeron un grueso álbum lleno de fotografías recibiendo la sagrada hostia con el papa, besándole la mano al papa, descendiendo las escalinatas de la Cúpula para acercarse al papa.

No se acababan nunca las fotos y todos los familiares las tenían que ver cuando llegaban a visitarlos a su casa, durante años fue el tema de conversación preferido de Hermenegildo y su esposa.

Hubo una anécdota que verdaderamente le quitó el sueño a Hermenegildo cuando le llamaron por teléfono de la fábrica de golosinas y le dijeron:

- Ven por cacahuate, hay, y mucho -

Se apersonó con uno de sus camiones de 3.5 toneladas y cuando le echó un ojo a la mercancía que le ofrecían, las manos le empezaron a sudar.

Era un trailer lleno de cacahuates, así literalmente, un trailer completamente lleno de puros cacahuates.

Sabía que no podía negarse, pero trató de negociar con el supervisor en turno:

- No seas gacho, ¿que voy a hacer con toneladas de cacahuate casi rancio?

- Ni modo - le dijo - tienes que apechugar, no hay de otra.

Ese día Hermenegildo no pudo conciliar el sueño, y cuando muy cerca de la madrugada dormitó un poco, se apoderó de él una pesadilla en la que él se veía ahogándose en una montaña de cacahuates.

Después de varios días y de mucho pensarle como iba a colocar semejante cantidad de cacahuates en tal estado, se le iluminó la mente con una idea.

Al día siguiente se encaminó a la ciudad de Puebla y llegó a la central de abastos donde encontró un mayorista en chiles secos al que le propuso el lote de cacahuate, asegurándole que al mezclarlos con todos los ingredientes que lleva el mole poblano, nadie podría descubrir que los cacahuates no eran frescos.

Su oferta fue tentadora y ahí se quedaron todos los cacahuates del trailer.

Hermenegildo Buenrostro y su esposa pudieron hacer éste año un nuevo viaje, ahora escogieron ir a Tierra Santa.

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lujanmaricela@yahoo.com.mx

foto:

http://www.aceiteoliva.com/wp-content/uploads/2009/04/manies.jpg



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4.10.2010 GMT

Maricela Luján Mexico....El complicado dilema de las berengenas...

Puebla, Pue. 24 Septiembre 2010

El complicado dilema de las berenjenas.

Ayer por la noche, Cidarthe mi hermano, Daniela mi sobrina y yo visitamos por primera vez la pizzería Amalfi de la colonia La Paz, y al llegar lo primero que quise constatar fue saber si entre sus activos se encontraba el consabido horno de leña, elemento indispensable que contribuye no poco a que las pizzas tengan un sabor auténticamente italiano.

Franco, sonriente, un italiano que supongo es del sur de Italia y también supongo que es el dueño de la pizzería quién se presentó, nos recibió en la puerta y nos invitó a conocer el horno, que en efecto lanzaba lenguas de fuego de brillantes colores azul y naranja, crepitando en los troncos de leña maciza.

Decidimos acomodarnos en las sillas de una de las mesas para ser atendidos con la mayor cortesía ( esto fué muy al principio ) por el mismo Franco que nos detalló las pizzas varias, ponderando la calidad del producto y asegurando que si no nos gustaban las pizzas no nos cobraría la cuenta. Elegimos dos diferentes y una de ellas mitad berenjena y mitad capricciosa. Pero, ay ! cuando nos proponíamos degustar la pizza de berenjena, vimos que las rodajas de la misma estaban totalmente negras, primero pensamos que la vista así era porque la cáscara estaba expuesta hacía afuera, pero al morder un pedazo crocante en exceso, confirmamos que el tono negro era porque estaban totalmente quemadas.

Acto seguido le llamamos a nuestro anfitrión italiano y le dijimos textualmente: - las berenjenas de la pizza están quemadas - su reacción inmediata fue no aceptar que estuvieran quemadas y nos trasmitió varios razonamientos a manera de justificación, algunos que recuerdo son éstos:

-no hay problema no la paguen - las berenjenas no están quemadas, son así, tengo años haciendo las pizzas y nunca, nadie me había reclamado nada - las berenjenas son una legumbre muy difícil de cocinar y poseen un sabor amargo por lo cual se tienen que sellar en la parrilla primero antes de ser colocadas en la pizza - en México no se conocen casi las berenjenas y muy poca gente las sabe comer, pero no hay problema, no las paguen !! etc. -

Cidarthe trató de dialogar con él volviendo a puntualizar que las berenjenas estaban totalmente quemadas y que así no se podían comer.

Franco no lo aceptó, solo repetía molesto - no hay problema no la paguen -

Cuando pedimos la cuenta a un mesero joven ( amabilísimo ) y que si nos dio la razón de nuestro reclamo y que se encargó de atendernos después del desaguisado, nos trajo una nota en la que solo estaban cargadas las bebidas. Mi hermano le dijo que no estábamos de acuerdo, que nos cobrara una pizza y media, que era lo justo, que solo la parte de las berenjenas que no habíamos comido, no la pagaríamos, que el resto si debíamos pagarlo. Fue con Franco a decirle lo que le habíamos comentado y regresó casi de inmediato a trasmitirnos el mensaje. - que su jefe decía que no pagáramos nada de las pizzas.

Cuando volteamos a verlo desde lejos, su rostro lucía rojizo, alterado y cejijunto.

Como el mesero insistió que esas eran las instrucciones de su jefe, le pagamos $ 47.00 de la nota, importe de las bebidas.

Después de salir de la pizzería Amalfi de la Paz, hicimos varias elucubraciones:

Que el cliente " siempre pierde la razón " y por lo tanto Cidarthe, Daniela y yo habíamos enloquecido y que nunca nadie, jamás nos presentó una pizza con berenjenas quemadas.

Que si nos habían presentado una pizza de berenjenas quemadas y la técnica de Franco para prepararlas era totalmente equivocada y tras años de vivir en el error, él pensaba que era la única forma de hacerlo.

Que a él nunca se le ocurrió que las berenjenas cortadas en rebanadas delgadas, se pueden desflemar con un poco de agua con limón ó vinagre y así quitarles el supuesto amargor que tienen, luego colocarlas crudas en la pizza y así sincronizar los tiempos de horneado de todos los ingredientes.

Que tampoco nunca intentó cambiar sus tiempos de preparación de la siguiente manera: meter la pizza al horno de leña y cuando ya estuviera casi lista, sacarla y colocarle las berenjenas selladas como a él le parece bien, logrando así que quedaran horneadas y no quemadas.

Estas conclusiones las hicimos en el fragor de la noche, mientras caminábamos rumbo a casa.

Era un hecho que el dilema de las berenjenas nos había cambiado la existencia.

Comentamos (con la bondad y mansedumbre de un fraile franciscano ) que hubiera sido tan simple ganarnos como clientes si el dueño de la pizzería tan solo hubiera escuchado cuál era el problema y al entenderlo, se hubiera disculpado, aceptado su error, sugiriendo un cambio de platillo por otro de nuestra elección.

No nos gustó que no nos cobraran las pizzas, fue un gesto agresivo que solo demuestra enojo.

Nunca hay que perder la perspectiva, el cliente es siempre la persona más importante en un negocio.

La próxima vez que queramos ir a una pizzería, volveremos a Amalfi ?

Quizás no.

Lástima porque somos vecinos de la colonia La Paz, y me hubiera gustado tanto una pizzería cercana con horno de leña…

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comentarios: lujanmaricela@yahoo.com.mx



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