Revista Literaria Periódico Cultural

Noviembre, 2009

11.11.2009 GMT

El mar dentro del alma / Juan Carlos Gayoso



Marinas al óleo y acuarelas

del pintor Juan Carlos Gayoso

www.gayosoart.com



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10.11.2009 GMT

Poemario a los 330 días / Maritza Álvarez

330

Porque se acerca el día, corazón

Porque es un logro más y nos afianzamos y afiatamos

Porque dimos otro paso certero escalando la cintura que nos mide

La que se junta en la perfecta medida. Son trescientos treinta días y te vivo… Y celebro…

Nada más que verte

Porque no me daré por vencida

Flor de manzanilla al viento

hasta que te vea …

Porque un día o diez a tu lado

Salvan la espera que sea

Porque una tarde o una noche contigo

Pagan todas las añoranzas y suspiros

Porque no quiero nada más que verte

Tenerte conmigo un segundo o miles

Mis besos serán una cuna de arrullos

Para tu boca silente

Ramo de rosas en capullos

Mis brazos se reproducirán en miles

Mi cintura se prepara, amor, para tus manos

Que saltando cerros descansarán en ella

Mi corazón está alerta, amor,

Y el alma habla distendida

Valor

Lo vale mi amor

Los momentos tan deseados

El extrañarse y no verse

Las noches raras y oscuras

Porque todo lo sufrido ha valido

Caen las estrellas en una noche fugaz

Los cielos se encienden de otra manera

Ahora, en que la fecha era

La promesa dirigida al corazón

Cupido es un gorrión de once meses

Que recorrió volando y acertando

Hasta dar en el corazón

¡Cómo veré el sol cuando tú te asomes!

Llegando viento y ansiedad

Nervioso y extraño del encuentro

Amor de los trescientos treinta días

Que con valor espera

La extraña y dulce risa de la vida

Celebración

Mi boca de caprichos de amor

empieza a nacer

Como bebé que abre sus ojos

por primera vez

en tu miembro que duerme todavía niñez

y empieza a gustar

del sabor tan deseado

Tanta espera, y ahora

heme aquí

te respiro y te miro

y de improviso te has vuelto hombre

Y como a celebrar he venido

Te monto y te calzo

No espero invitaciones

Siento el agradable y pensado dolor

Cabalgando sobre tus piernas estoy

Metida en ti hasta lo sumo

Son once meses y celebrando estoy

Once meses que subo y sumo

Te castigo arriba y abajo

Uno, dos

Uno, dos…

Adelante y atrás

A un lado y al otro

Te gimo a más no poder

Te miro y tu rostro estalla

Cuando en la línea de mi talla

Tus ojos de lunas maravillosas

entreabres encendido

Arrugando tu ceño de placer

Aplastando al mundo de puro poder

Manos, dolores, pasiones

Me tomas, y ya me sacas

De un solo grito de tu rito caliente

Despego…

Y suave me depositas

sobre una cama que hoy tiene alas

para volverte hombre en celo por su hembra

Mis piernas separas

Como escogiendo lo mejor que te ofrecen

Y dejas caer tu cuerpo en el mío

Tu boca se apura para perderse luego

Entre flores y perfumes

Entre selvas y colores

Subes la colina que te acerca a mi

Depositando tus besos calientes

en cada centímetro de mi hambrienta piel

Siento por fin tu deseado peso

y tus manos que ajustan en el lugar correcto

Entonces yo te atrapo, te cazo y te aprieto

Cuando alteras ya mis pechos

en boca abierta

Húmeda de hambre y de deseo

Rasguño tu espalda sin querer

cuando quiero devorarte de placer

Mi lengua se sacia en tus labios rojos

de calor al contacto con los míos

Esto es un sueño

del que no quiero jamás despertar

Ardes, amor, ardes dentro mío!

Porque a celebrar he venido

Porque uno solo es el camino de la espera

Porque uno solo es

y es el que ahora siento y nombro

el que hace hablar a mi sexo palpitante

Y mi ser completo se convence

que un solo minuto al lado tuyo

ha valido la espera

que ahora cuenta trescientos treinta días

que se acumulan amor

en mis misteriosas entrañas

Me esperas hasta que rompe la ola…

Y tú que eres arena mojada te apuras

Y tus movimientos evocan las placas tectónicas

que de amor han quedado regadas

Playa

C

A

L

M

A

A celebrar vinimos

Y nos rendimos por fin

En dulce abrazo contenido

Por verte

Por verte

la insolencia

El sueño nocturno

Y el temor asumido

Por verte

viajo lo que sea

escribo a las embajadas

hago de las tinieblas la luz

Sólo por mirarte

y disipar de tus ojos la bruma

y el otoño en tu pupila dorada

Por verte doy lo que tengo

Por besarte

y en mis brazos atraparte

Por verte me vuelvo sacrílega

y de las iglesias me escondo

si me buscan me hallarán en el fondo

de tu lecho blanco recostada

Por tenerte he olvidado los rezos

Por dormir junto a tu pecho

Soy un pájaro niño

que de amor se ha vestido

Toco, palpo, busco, accedo

¡Por verte, amor, por verte!

Empujo a la Luna si es preciso

con tal de no verla explotada otra vez

Por hombres que buscan su humedad

descontrolada

Por verte

Ajena a todo y a todos

Espero lo necesario

arriesgando mi piel que se aja

Y mis luces…

que de pronto se apagan

cuando perdidas se sienten de distancia

y de fríos

Sólo por verte

por esperarte

por amarte

Foto

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10.11.2009 GMT

La sonrisa del niño, y su cartel

Fotos de mis fotos – Sonico



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5.11.2009 GMT

Ricardo Arjona / El Mojado



ARJONA -EL MOJADO

Lo único que poseen son sus sueños...Los persiguen y castigan por soñar... que injusta es la vida a veces... esta canción es dedicada al hombre que sufre el drama involucrado en el concepto de extranjería y sus efectos!


Arjona lo describe con especial talento y sentimiento. ¿Será que podemos contestar a su pregunta?... sigue a continuación en letra cursiva......

"Si la luna, suave se desliza por cualquier cornisa, sin permiso alguno..., ¿porqué el "mojado" precisa, comprobar con visas que no es de Neptuno?

Que bueno sería encontrar una respuesta a tal interrogante!.....

¿Será Arjona, el J.M. Serrat de América Latina o J.M.Serrat es el Arjona europeo? Maravilloso es saber que existen seres como ellos....

Enviado por Mervin Morales.



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4.11.2009 GMT

Video/. Poema Flor / Rolando Revagliati Argentina





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2.11.2009 GMT

Héctor Zabala /Argentina... Tres Trabajos Educación Sexual Cómo en los 50/ Cuento Invisible / En

EDUCACIÓN SEXUAL COMO EN LOS ‘50

Por Héctor Zabala

El nene jugando en el arenero, el padre sentado en un banco, en esa plaza de Caballito, una mañana cualquiera de domingo.

De pronto, surge esa lánguida puntería, que tiene todo nene de sentarse con fruición en el único charco de agua sucia en varias manzanas a la redonda. Sí, justo en el preciso instante en que la página deportiva de La Prensa aparece ante nuestros ojos de padre inflado de sol y arena, media hora después del: Querido, ¿sacarías al nene a la plaza mientras les preparo un rico almuerzo? Textual, como si ella no fuera a comer o se le pudiera decir que no.

Raúl, el papá, oye el ¡plaf! sin hacer caso. La página deportiva (único lugar, además, que trae la conformación de nuestro equipo favorito) merece un poco de respeto religioso, ¿o no?

Cuando ya logre uno pasar del guardavalla –que siempre será el mismo y por ende el menos interesante – el nene se pondrá a lloriquear porque está mojado. Entonces uno (y Raúl no será la excepción) deberá correr con el pañuelo inmaculado antes que el querubín, que parece saberlo todo, se seque las lágrimas por propia iniciativa con manitos y arena pro conjuntivitis.

Pero al fin los dos cachetes marrones del pantaloncito nuevo son un factor inapelable para dejar la soleada y silenciosa mañana y rumbear para casa con la felicidad del caso.

En el camino, Raúl cavila sobre quién jugará de puntero derecho esa tarde, mientras todavía se lamenta para sus adentros por el pequeño accidente. Sí, porque ¡nunca lo hagas en voz alta que al nene le hace mal!, ¿o ese día no me acompañaste al psicólogo?

De pronto el nene pregunta (y nunca sabremos si la sucia zambullida desencadenó alguna rara asociación de ideas):

–Papi, ¿qué es eso de los siete vecinos?

–¿Qué?, ¿siete qué?

–Ayer, mamá y dos vecinas decían que Pablito, mi mejor-mejor amigo, nació siete vecinos.

Siete vecinos, siete... Ah sí, sietemesinos. Menos mal que éste no escuchó bien. Parto adelantado –cae en la cuenta Raúl, cuando sus pensamientos ya corrían entre el zaguero izquierdo y el volante central.

–No sé, habrá que preguntarle a mami qué quisieron decir (al menos, esta vez zafé).

Ya en casa, se encara con su suegra y con Mercedes, su mujer: que a ver si se fijan en lo que hablan delante del nene, che. Pero una vez casi aclarado el asunto, Mercedes contraataca. Lo increpa porque es obligación de padre responder todas-todas las preguntas de tu hijo: que los traumas, que la castración psíquica, que la infancia sin respuestas, que las secuelas temáticas recurrentes, que el psicólogo dice, que las corrientes pedagógicas actuales afirman, que la experiencia médica confirma, que la mar en coche...

Raúl asiente en silencio (¿le queda otra?) y sale con destino a plaza y arena, una vez que el nuevo pantaloncito no porta dos nalgas mojaditas, y tras la nueva promesa del rico almuerzo.

El rostro de Raúl se mantiene tieso. Es el de un condenado regando con su propio sudor los peldaños del cadalso. Espera de nuevo la ya vieja pregunta. Sabe que vendrá. Sabe que los chicos son bastante obsesivos, al menos el que le tocó en suerte.

Sí, porque ahora, seguro vuelve y me pregunta cómo es eso de los siete vecinos. Y yo tendré que responderle que no son siete vecinos sino sietemesinos. Él me dirá que no entiende. Yo no haré comentarios, pero él igual me preguntará qué significa. Yo tendré que contestar que... bueno, que se dice así, que la gente grande, porque... ¡porque no son nueve sino sólo siete! Él insistirá con eso de qué es lo que son siete y no nueve. Yo deberé decirle: bueno... los meses. Y cambiaré enseguida de tema, pero él igual arremeterá con ¿qué meses?, y yo le tendré que aclarar: los meses en que la pancita de mamá estuvo un poco hinchada. Pero él, porfiado, seguirá con lo de ¿por qué estuvo hinchada tantos meses? Claro, él no puede recordar porque es hijo único y miraba desde adentro, pero igual habrá que decírselo. Ay, pero a mí no me sale. Soy chapado a la antigua y estos psicólogos modernos, ¡dale que te dale! Y el angelito de dios seguro que machacará y machacará, porque para eso son mandados a hacer, y al fin tendré que explicarle que estuvo así porque los nenes nacen dentro de la pancita de la mamá. Y el muy ladino, seguro que me pregunta: ¿y cómo llegan hasta ahí? Y entonces viene la parte terrible y tendré que decirle lo de la semillita de papá. Y él insistirá con aquello de ¿cómo puede papá ponerle una semillita a mamá? y, encima, ¿dónde? Y pedirá detalles y tendré que decirle algo. Pero no se conformará y pedirá más y más detalles. Pero no puedo, no puedo. Seré antiguo, todo lo que quieran, pero cuando yo era chico a los nenes los traía la cigüeña desde París y sanseacabó, es decir, sanseacababa. Por supuesto, nunca entendí del todo cómo un pajarraco podía traer un bebé, pero bueno, uno no seguía preguntando. Después vinieron a complicarla los psicólogos y los pedagogos. Sólo faltan los podólogos. Maldita sea esa Facultad y su carrera de Psicología. Miren, en qué aprietos lo ponen a uno. ¿No ven que es una almita ingenua?, ¿o acaso a nosotros nos traumó el asunto cuando lo supimos de grande?, ¿o no somos gente normal, acaso?, ¿eh? ¿Qué necesidad hay de tener que explicarle cosas casi pornográficas?, ¿qué necesidad de...?

–Papi, ya entendí. Ahora me acuerdo. No eran vecinos. Eran mesinos. De meses, ¿viste? Hace mucho lo dijeron las amigas de mamá y después lo vi en la tele.

¡Ah, menos mal, qué suerte! No va a seguirla, ya se conformó. ¡Se acabó, zafé...!

–Ahora, papi, otra pregunta, ¿cuándo hiciste el amor con mamá?, ¿siete o nueve meses antes de que yo naciera?

“Educación sexual como en los ‘50” (cuento): Tercera Mención en el XV Concurso Nacional de Narrativa y Poesía de Poetas del Encuentro de Villa Ballester.

San Andrés (Provincia de Buenos Aires), Argentina, 3 de mayo de 2006.

CUENTO INVISIBLE

Héctor Zabala

Un autor imaginó un cuento de fantasmas tan perfecto que, cuando intentaba escribirlo, los fantasmas del relato tornaban invisible la tinta. Nunca logró publicarlo.

“Cuento invisible” (minicuento):

Premio a la Popularidad en el III Encuentro Teórico del Género Fantástico ANSIBLE 2006 . La Habana, Cuba, 28 de mayo de 2006.

Finalista en el IV Concurso Internacional de Minicuento Fantástico “miNatura 2006” organizado por la revista digital mi Natura . Madrid, España, 23 de mayo de 2006.

ENSAYO SOBRE “CHACALES Y ÁRABES” DE FRANZ KAFKA

por Héctor Zabala

La obra técnicamente es muy buena. Tiene indicios como el del látigo del segundo párrafo, anticipando el desenlace del diálogo entre el jefe chacal y el extranjero del Norte. Logra una tensión permanente porque los chacales rodean al extranjero, lo sujetan por la ropa, ejercen una continua amenaza que nadie garantiza que no pueda terminar en tragedia para el pobre hombre que sólo intentaba dormir.

Pero la pregunta clave es: ¿Quiso aquí Franz Kafka escribir un cuento de árabes y chacales? En principio, convengamos que la narración es de género fantástico: los chacales no hablan por más inteligentes que sean .

Partiendo de este detalle, entiendo que todo el cuento es una metáfora. Se refiere a un pueblo sometido y en parte maltratado que vive en tierras de otro pueblo, dominador y arrogante, aunque a veces también condescendiente.

Kafka conocía como nadie a judíos y cristianos. Era un hombre muy culto y perspicaz que había nacido en un hogar en el que se observaban las tradiciones judaicas pero en medio de una comunidad cristiana dominante. Su propio padre tenía una clientela cristiana, sus hermanas y él habían asistido a colegios alemanes, etc. Además, conocía –era consciente– de la lucha ancestral, solapada y a veces no tanto, de judíos y cristianos en el viejo continente. Era absolutamente conocedor del amor-odio entre ambos pueblos. De las actitudes ambivalentes de los cristianos respecto de los judíos que vivían entre ellos y viceversa. Sabía de los pogromos pero también de la tolerancia y colaboración entre unos y otros. También del resentimiento y de la desconfianza mutuas.

¿Quiénes son entonces los árabes del cuento? Los cristianos europeos .

¿Y quiénes los chacales? Los judíos europeos .

¿Qué es el oasis? Europa .

Varios indicios me llevan a esta conclusión:

1) Juntos pero separados. En el cuento, chacales y árabes viven juntos pero separados. Exactamente como convivían judíos y cristianos en la Europa de Kafka. “¿No es ya bastante desdicha que debamos vivir exilados entre semejante gente”, dice el chacal viejo. Es decir, compartían como a medias un territorio y tenían hasta un cierto tipo de contacto pero hasta ahí nomás. La hospitalidad del árabe es conocida y hasta proverbial; y puede ser que Kafka jugara también con eso, algo como: te recibo y serás bien atendido pero mientras estés dentro de casa.

2) Dominador y dominado. La posición del árabe es dominante (como la del cristiano europeo): impone la regla y tiene el látigo para hacerla cumplir; además ocupa el oasis (Europa), al que van también los chacales (los judíos despreciados), pero estos se acercan como merodeando. El chacal es una buena alegoría del judío europeo de entonces, el tipo que no termina de afincarse del todo porque sueña con ser independiente, libre. En cuanto a lo demás, lo que está fuera de Europa, es como un desierto: está fuera del oasis, fuera de lo que pueda servir para la subsistencia de un pueblo como el judío de entonces, pueblo relativamente débil que indudablemente la pasaba mal, muy mal.

3) Purificador e impuro. La actitud de los chacales en el cuento es casi religiosa, mística, lo cual se compadece con la tradición del judaísmo. Lo importante para los chacales es por sobre todo la pureza del alimento. Algo que es una constante bíblica y judaica. Son tradiciones antiquísimas que todavía continúan entre muchos judíos ortodoxos modernos. No hay más que leer el Levítico [1] o el Deuteronomio [1] para ver la importancia que la pureza del alimento significa para el pueblo judío. Los árabes del cuento serían los cristianos, los que contaminan los alimentos al no seguir los estrictos lineamientos bíblicos ni rabínicos, los que comen parte y dejan lo demás a los chacales (judíos) a modo de carroña. Un verdadero escándalo. Los chacales son los que entonces se sienten obligados a purificar los alimentos; casi como una obsesión. No, los árabes (los cristianos) no deberían intervenir en los asuntos de los chacales (los judíos), nos dice su jefe. Como buen viejo es también el que mejor conserva las tradiciones de su pueblo y aclara: “Queremos que los árabes nos dejen en paz; aire respirable... no oír el quejido de la oveja que el árabe degüella; que todos los animales mueran en paz; para ser purificados por nosotros, sin interferencia ajena... Pureza, queremos sólo pureza...”

4) Amor-odio. Al igual que en la Europa de cristianos y judíos, en el cuento juega la constante del amor-odio entre árabes y chacales. Hay mucho resentimiento de ambas partes, pero también hay admiración y hasta cierto tipo de amor o de respeto que tratan de tapar con el aparente desdén hacia el otro. Los chacales no odian completamente a los árabes, al menos no al extremo de correr el riesgo de contaminarse: “No queremos matarlos. No habría bastante agua en el Nilo para purificarnos”, aclara el jefe chacal. Por su parte, el árabe comenta de los chacales: “Por eso los queremos; son nuestros perros; más hermosos que los vuestros” . Y al final del cuento le dice al extranjero: “Lo has visto. Maravillosas bestias, ¿no es verdad? ¡Y cómo nos odian!” Sin embargo, ese amor del árabe no le impide castigarlos con latigazos sin un motivo justificable. El árabe está encantado con esa ambivalencia, es consciente de ese amor-odio, quizá hasta un poco más que los propios chacales.

5) Las contradicciones de ambos pueblos. Los cristianos europeos acogían a los judíos en sus comunidades pero después se quejaban sin mayor motivo y les hacían sentir su desprecio. Cosa parecida hace el árabe cuando les trae expresamente un alimento sustancioso (un camello muerto) pero después juega, con bastante perversión, con echarlos a latigazos. Los chacales, en tanto, devoran lo que les trae el árabe pero igual siguen resentidos por el maltrato. Análogamente, la actitud de los judíos europeos era por entonces parecida a la de los chacales del cuento: se consideraban un pueblo distinto, casi independiente, pero consentían en usar toda oportunidad material que se les presentaba aunque viniera de infieles cristianos. Y además no les impedía mantenerse en una actitud permanentemente resentida y quejumbrosa contra los mismos que los protegían y les permitían prosperar.

6) La actitud mesiánica. Los chacales, al igual que los judíos, tenían la esperanza de liberarse de la opresión. ¿Qué representa entonces el extranjero del Norte? Obviamente, el Mesías. Alguien que los chacales suponen superior a los árabes. Un Mesías guerrero, no uno pacífico. Esto fue siempre tradición judaica y desde tiempos antiquísimos. Alguien que acabara de una vez y por todas con la opresión del pueblo judío.

7) Verdad y comedia. Pero en Kafka no puede faltar la ironía descarnada; la idea de que nada puede solucionarse, se haga lo que se haga, se intente lo que se intente.

El jefe de los chacales tiene un plan, pero es un plan infantil. Le trae al desconocido del Norte una tijera para que extermine a todos los árabes; un elemento que ni siquiera es un arma aunque en ocasiones podría funcionar como tal. Pero es una tijera oxidada, inservible. De todas maneras, la tarea sería impracticable para el pobre extranjero porque los árabes son muchos. Simplemente sería una locura intentarlo. Quizás entonces lo que Kafka haya querido decirnos es que los planes mesiánicos del judaísmo de entonces (1916) eran absurdos. Simplemente una especie de comedia que sólo servía para mantener una fe, una esperanza, generación tras generación, pues la tijera llevaba siglos pasando de chacal a chacal, aunque ya había perdido el filo por completo.

El más consciente de esta comedia que ambos grupos interpretan (y aquí viene lo terrible de Kafka) es el árabe. No el jefe chacal, el que más conoce las tradiciones. Quizá en parte porque el árabe es conocedor de su propia fuerza que lo hace arrogante, quizá en parte por considerar al chacal como un incapaz de liberarse en serio (y tal vez hasta un poco cobarde) pero también porque ve la cosa desde afuera y sabe que el intento es absurdo: “...todo el mundo lo sabe; mientras existan árabes esas tijeras se pasearán por el desierto, y seguirán vagando con nosotros hasta el último día. A todo europeo se las ofrecen, para que lleve a cabo la gran empresa; todo europeo es justamente aquél que ellos creen enviado por el destino. Esos animales alimentan una loca esperanza; bobos, son verdaderos bobos” .

Esto último también sería una metáfora. El cristianismo de entonces, tal como el árabe del cuento, también era arrogante: veía el pensamiento mesiánico judaico con compasión, como algo inútil, como algo bobo o loco, porque para el cristiano el Mesías ya había venido y no podía haber otro.

Una última reflexión. Para quien quiera ver algún signo ofensivo en la palabra chacales, es conveniente recordar que no era ese el punto de vista de los hebreos antiguos, que es aquí lo que interesa, ya que Kafka se refiere a tradiciones muy viejas (“... hace tanto, tanto que te esperábamos; mi madre te esperó, también la suya, y una tras otra todas sus madres, hasta llegar a la madre de todos los chacales”) .

La palabra chacales (siempre en plural, nunca en singular) aparece catorce [2] veces en la Biblia y ésta es una fuente confiable en cuanto al verdadero significado del vocablo para los antiguos. El del capítulo 30:28-29 de Job quizá sea el más significativo al respecto: “Entristecido anduve por todos lados [...] Hermano para los chacales vine a ser, y compañero para las hijas del avestruz”, dando a entender la gran aflicción del patriarca Job, quien se sentía abandonado, triste. Nótese que Job no se avergüenza en llamarse a sí mismo hermano de los chacales.

Los chacales para los patriarcas y profetas bíblicos no connotaban animales peligrosos ni crueles ni indignos , simplemente se los relacionaba con situaciones tristes o con lugares no muy aptos para la habitación humana (parajes desolados), que ocupaban por timidez o por cierta desconfianza natural hacia el hombre (vgr. Jeremías 49:33: “...tiene que llegar a ser albergue de chacales, un yermo desolado hasta tiempo indefinido”) . Incluso al chacal hembra se lo consideraba como una excelente madre ( “Aun los chacales mismos han presentado sus ubres. Han amamantado a sus cachorros...” [3] ), en evidente contraste con lo que pensaban esos mismos hebreos del avestruz en ese mismo versículo de Lamentaciones 4:3 (“...la hija de mi pueblo [Jerusalén] se hace cruel, como los avestruces en el desierto”) y también en Job 39:13-15, donde a dicha ave se la califica de mala madre.

[1] En particular Levítico, capítulo 11, y Deuteronomio, capítulo 14.

[2] Las catorce referencias bíblicas sobre los chacales son: Job 30:29, Salmos 44:19, Isaías 13:22, 34:13, 35:7, 43:20, Jeremías 9:11, 10:22, 14:6, 49:33, 51:37, Lamentaciones 4:3, Miqueas 1:8 y Malaquías 1:3. Corresponden todas al Antiguo Testamento, que es el que interesa en este caso.

[3] Lamentaciones 4:3.

CHACALES Y ÁRABES

(Del libro Un médico rural, 1916)

De Franz Kafka

Acampábamos en el oasis. Mis compañeros dormían. Un árabe, alto y blanco, pasó a mi lado; había estado ocupándose de los camellos y se dirigía a su tienda.

Me eché de espaldas en el pasto; traté de dormir; no podía; un chacal aullaba a lo lejos; volví a sentarme. Y lo que antes estaba tan lejano, de pronto estuvo cerca. Me rodeaba una multitud de chacales; ojos que destellaban como oro mate y volvían a apagarse; cuerpos esbeltos que se movían ágil y rítmicamente, como bajo un látigo.

Por detrás de mí, uno de los chacales se acercó, pasó bajo mi brazo, se apretó contra mí, como si buscara mi calor, luego se colocó enfrente y me habló, con los ojos casi en los míos:

–Soy, con mucho, el chacal más viejo. Me alegra grandemente poder saludarte por fin. Ya casi había perdido toda esperanza, hace tanto, tanto que te esperábamos; mi madre te esperó, también la suya, y una tras otra todas sus madres, hasta llegar a la madre de todos los chacales. ¡Créelo!

–Me asombra –dije, olvidándome de encender la pila de leños preparada para ahuyentar con el humo a los chacales –, me asombra mucho lo que dices. Sólo por casualidad he venido del lejano Norte y estoy de paso por vuestro país. ¿Qué queréis de mí, chacales?

Y como alentados por estas palabras, tal vez demasiado amistosas, estrecharon el cerco en torno de mí; todos jadeaban con la boca abierta.

–Sabemos –comenzó el decano – que vienes del Norte; en eso residen nuestras esperanzas. Allá existe la comprensión que no encontramos entre los árabes. De esta fría arrogancia, bien lo sabes, no se puede arrancar la menor chispa de comprensión. Matan animales para comérselos y desprecian la carroña.

–No hables tan alto –dije –, hay árabes que duermen aquí cerca.

–Realmente, eres un extranjero –dijo el chacal –; si no, sabrías que ni una sola vez en la historia del mundo un chacal ha temido a un árabe. ¿Por qué habríamos de temerles? ¿No es ya bastante desdicha que debamos vivir exilados entre semejante gente?

–Puede ser, puede ser –dije –, no quiero juzgar asuntos que están lejos de mi competencia; parece una enemistad muy antigua; debe estar en la sangre; tal vez sólo termine con la sangre.

–Eres muy sutil –dijo el viejo chacal; y todos jadearon más ansiosamente; agitados, a pesar de estar inmóviles; un olor rancio, que a veces me obligaba a apretar los dientes, emanaba de sus fauces abiertas –. Eres muy perspicaz; eso que has dicho concuerda con nuestra antigua tradición. Así es, haremos correr su sangre, y terminaremos la lucha.

– ¡Oh! –Dije, con demasiada vehemencia quizás –; ellos se defenderán; con sus armas de fuego los matarán a miles.

–No nos comprendes –dijo él –, es una condición bien humana, que según veo también existe en el Norte. No queremos matarlos. No habría bastante agua en el Nilo para purificarnos. Nos basta ver sus cuerpos vivientes para salir corriendo, hacia el aire puro, hacia el desierto, que por eso es nuestra morada.

Y todos los chacales del círculo, a los que se habían agregado mientras tanto muchos otros que venían de más lejos, hundieron los hocicos entre las patas delanteras, y se los frotaron para limpiarse; parecían querer ocultar una repugnancia tan espantosa, que sentí deseos de dar un gran salto sobre sus cabezas y escapar.

–Entonces, ¿qué os proponéis hacer? –pregunté, tratando de ponerme de pie, pero no pude: dos jóvenes bestias me habían aferrado con los dientes la chaqueta y la camisa por detrás; tuve que quedarme sentado.

–Te sostienen la cola –explicó con serenidad el chacal viejo –, una señal de respeto.

– ¡Soltadme! –exclamé, volviéndome alternativamente hacia el viejo y hacia los jóvenes.

–Naturalmente, te soltarán –dijo el viejo –, ya que es tu deseo. Pero tardarán un poco, porque han mordido profundamente, como es su costumbre, y ahora deben aflojar lentamente los dientes. Mientras tanto, atiende nuestro pedido.

–Vuestra conducta no me ha predispuesto demasiado a atenderlo –dije.

–No reproches nuestra torpeza –dijo él, y por primera vez recurrió al tono lastimero de su voz natural –, somos unas pobres bestias, sólo tenemos nuestros dientes; para todo lo que queremos hacer, lo malo y lo bueno, sólo disponemos de nuestros dientes.

–Bueno ¿qué quieres? –le pregunté, no muy reconciliado.

–Señor –exclamó, y todos los chacales aullaron; lejanamente, remotamente, me pareció una melodía –. Señor, tú debes poner fin a esta lucha, que divide el mundo en dos bandos. Exactamente como eres tú, nuestros antepasados nos describieron al hombre que llevaría a cabo la tarea. Queremos que los árabes nos dejen en paz; que el aire sea respirable; que la mirada se pierda en un horizonte purificado sin su presencia; que no oigamos el quejido de la oveja que el árabe degüella; que todos los animales mueran en paz; para ser purificados por nosotros, sin interferencia ajena, hasta que hayamos vaciado sus osamentas y pelado sus huesos. Pureza, queremos sólo pureza –y aquí lloraban, sollozaban todos–. ¿Cómo soportas este mundo, noble corazón y dulce entraña? Porquería es su blancura; porquería es su negrura, un horror son sus barbas; basta ver las órbitas de sus ojos para escupir; y cuando alzan el brazo vemos en sus axilas la entrada del infierno. Por eso, señor, por eso, ¡oh, amado señor!, con la ayuda de tus manos todopoderosas, degüéllalos con estas tijeras.

Y respondiendo a un movimiento de su cabeza, apareció un chacal, de uno de cuyos colmillos colgaba un pequeño par de tijeras de costura, cubiertas de antiguo herrumbre.

–Bueno, ya aparecieron las tijeras, i y ahora basta! –exclamó el guía árabe de nuestra caravana, que se había deslizado hacia nosotros con el viento en contra y hacía restallar su enorme látigo.

Todos huyeron con rapidez, pero a cierta distancia se detuvieron, estrechamente apretados entre sí; todas esas bestias se reunieron en un grupo tan rígido y apiñado, que parecía un pequeño hato, acorralado por fuegos fatuos.

–Así que tú también, señor, has contemplado y oído esta comedia –dijo el árabe, y rió tan alegremente como lo permitía la sobriedad de su raza.

– ¿Tú también sabes lo que quieren esas bestias? –pregunté.

–Naturalmente, señor –dijo él –, todo el mundo lo sabe; mientras existan árabes esas tijeras se pasearán por el desierto, y seguirán vagando con nosotros hasta el último día. A todo europeo se las ofrecen, para que lleve a cabo la gran empresa; todo europeo es justamente aquél que ellos creen enviado por el destino. Esos animales alimentan una loca esperanza; bobos, son verdaderos bobos. Por eso los queremos; son nuestros perros; más hermosos que los vuestros. Fíjate, esta noche murió un camello, lo hice traer aquí.

Aparecieron cuatro mozos que arrojaron ante nosotros el pesado cadáver. Apenas lo depositaron, los chacales elevaron sus voces. Como arrastrados por otras tantas cuerdas irresistibles, se acercaron, titubeantes, frotando el suelo con el cuerpo. Se habían olvidado de los árabes, olvidado de su odio; la presencia del hediondo cadáver los hechizaba, borraba todo lo demás. Ya uno se prendía del cuello, y con el primer mordisco llegaba hasta la aorta. Como una diminuta y patente bomba aspirante, que quisiera con tanta decisión como pocas probabilidades de éxito apagar algún enorme incendio, cada músculo de su cuerpo se estremecía y se esforzaba en su tarea. Y pronto se entregaron todos a la misma tarea, amontonados sobre el cadáver, como una montaña.

Entonces, el guía los fustigó una y otra vez con su cortante látigo, vigorosamente. Alzaron la cabeza, en una especie de paroxismo extasiado; vieron ante ellos a los árabes; sintieron el látigo en los hocicos; dieron un salto hacia atrás, y retrocedieron corriendo, hasta cierta distancia. Pero la sangre del camello ya había formado charcos en el suelo, humeaba, el cuerpo estaba abierto en varios sitios; volvieron; nuevamente alzó el guía su látigo; detuve su brazo.

–Tienes razón, señor –me dijo –, dejémoslos seguir con su tarea; además, ya es hora de levantar campamento. Lo has visto. Maravillosas bestias, ¿no es verdad? ¡Y cómo nos odian!

CURRÍCULO

Héctor Zabala , 1946, Villa Ballester (Pcia. de Bs. As.), Argentina. Reside en Capital Federal. Contador público nacional (UBA). Narrador y ensayista. Jefe de Redacción de REVISTA SESAM, publicación literaria virtual con miles de lectores en 54 naciones. Jurado en certamen de la SADE (Caseros, 2009) y en dos certámenes internacionales (2007 y 2008) de la Sociedad de Escritores de San Martín. Premio Internacional en el III Encuentro Teórico del Género Fantástico ANSIBLE (La Habana, Cuba, 2006). Finalista en el Concurso Internacional de Minicuento Fantástico “miNatura 2006” (Madrid, España). Tres Primeros Premios Nacionales (SESAM 2005, Poetas del Encuentro 2005 y 2008). Cuatro Menciones Nacionales (SADE, 2006, OPYC 2005, Poetas del Encuentro 2006 y 2007). Unas veinte revistas literarias han publicado en Internet sus cuentos premiados o reeditado algunos de sus artículos.

Fotografía : www.jardineria.pro/31-03-2008/varios/labores/...



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